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Coahuila

La paradoja de la tolerancia

Por Irene Spigno

Hace 3 años

Tenemos que ser tolerantes.

El significado histórico y constitucional más común de la tolerancia remite a un principio fundamental que pretende resolver el problema de la coexistencia de diferentes creencias, originalmente de carácter exclusivamente religioso, y luego también político.

Tolerar significa tener la disposición de ser paciente o indulgente con las opiniones o prácticas de los demás, sin juzgar.

Desde el punto de vista de la teoría democrática, la tolerancia tendría que ser la virtud pública de las sociedades y la condición mínima que garantiza su propia existencia.

La tolerancia puede justificarse bajo tres fundamentos. El primero es el de la prudencia, según el cual la tolerancia es una solución racional y el mejor resultado en el cálculo de costos y beneficios. Esta fue la lógica que justificó el uso de la tolerancia para resolver conflictos religiosos, debido a que la tolerancia se ha percibido como un mal necesario o un mal menor que la intolerancia.

Este argumento se basa en una posición oportunista, más que libertaria, con el fin de garantizar una sociedad pacífica. Se trataba simplemente de una de varias opciones posibles para evitar la represión de los disidentes, pero no reconocía ninguna dignidad en el disenso: era simplemente una concesión que podía ser revocada en cualquier momento.

Según un argumento epistemológico, las opiniones y las creencias de los demás deben ser toleradas, porque reprimirlas, a diferencia del debate y el diálogo, no es la mejor manera de llegar a la verdad. Para el argumento epistemológico, la tolerancia pasa de prudencia política a un método universal de convivencia civil.

Finalmente, hay un argumento moral que se desarrolla en el contexto de las relaciones interpersonales e implica respeto por las y los demás. Es decir, la tolerancia es debida porque es un deber ético.

Sin embargo, la tolerancia no es ilimitada. Cada sistema necesita determinar el umbral más allá del que no se deben tolerar ciertos comportamientos o ideas. El grado de tolerancia puede depender de la estabilidad democrática de cada sistema o por otros valores y principios, como el de dignidad humana.

Sin embargo, ¿deberíamos tolerar a los intolerantes? La idea principal de la tolerancia es consustancial con la idea de libertad: por lo tanto, las ideologías autoritarias no entrarían en el área de protección constitucional, porque las expresiones intolerantes son tales que ponen en peligro la idea misma de la libertad, sin la que la tolerancia ya no sería concebible.

Esta pregunta nos conduce a la gran paradoja de la tolerancia: la tolerancia ilimitada conduciría a la desaparición de la tolerancia misma. Si extendemos una tolerancia ilimitada incluso a aquellas personas que son intolerantes, si no estamos preparados para defender una sociedad tolerante frente a los embates de los intolerantes, entonces los tolerantes serán destruidos, y la tolerancia con ellos.

¿Y nosotros? ¿Hasta qué punto tenemos que tolerar ciertas cosas en nuestra cotidianidad? ¿Cuál es el límite que tenemos que poner para ya no tolerar cosas que nos quitan la tranquilidad? O, para ser un poco más directos, ¿qué es lo que no deberíamos tolerar nunca más? ¿Tenemos que seguir tolerando un trabajo donde permanente e independientemente de nuestro esfuerzo y desempeño vivimos bajo la constante amenaza de no cumplir con las exceptivas y de no ser suficientes? ¿Tenemos que seguir tolerando relaciones de pareja o de amistad donde no nos sentimos vistos?

Nuestra intuición nos dice en dónde se encuentra nuestro límite. Pero no siempre la queremos escuchar. Muchas veces preferimos seguir quejándonos y conformarnos con lo que quizás consideramos – incluso de manera inconsciente – es lo que merecemos. Porque no nos consideramos merecedores de algo mejor.

Quizás no siempre hay que ser tolerantes, si tolerar nos hace daño y nos aleja de nuestro centro.

Si nos cuesta dinero es barato, si nos cuesta nuestra paz mental es demasiado caro. Este debería ser nuestro límite a la tolerancia.

 

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