Cuando tu hijo te pregunte qué es la resiliencia… no le des una definición. Cuéntale la historia real de Caramelo.
En 2021, una inundación arrasó en São João de Meriti, Brasil. Y ahí, sobre el techo de una casa sumergida, un caballo queda atrapado.
Solo. Durante cuatro días. Sin comida. Sin agua. Sin nadie a la vista. Lo llamaron Caramelo.
Su imagen dio la vuelta al mundo: un animal mojado, temblando, pero de pie, como si su alma se negara a caer. No relinchaba pidiendo ayuda. No intentó escapar.
Sólo… aguantó. Y cuando lo rescataron, millones lo sintieron como propio. Porque Caramelo no fue sólo un caballo salvado… Fue el reflejo de lo que muchos hemos vivido por dentro.
Porque la lección no es que lo salvaron. La verdadera lección es que no se rompió mientras el mundo a su alrededor se caía.
Eso es resiliencia. No es quedarte esperando milagros. No es hacerte fuerte por fuera. Es resistir sin apagar tu luz. Es estar solo… y aún así no perder tu dignidad.
Es confiar en que mereces vivir, incluso cuando nadie parece notarlo. Enséñale eso a tus hijos. No con discursos, sino con historias reales.
Historias como la de Caramelo… Que no relinchó. No huyó. No se rindió. Porque a veces la vida te deja sobre un techo, solo, temblando… y no sabes si vendrán por ti.
Pero si logras mantenerte en pie, eso ya es un acto de valentía. Resistir no es esperar ayuda. Es no dejar que la tormenta te apague por dentro.
Y esta historia me recordó la vida de Edith Eger, maestra en la resiliencia, sobreviviente del Holocausto. Y me resonó esa frase que decía en uno de sus libros: “Podemos prestar atención a lo que hemos perdido, o prestar atención a lo que todavía tenemos”.
Ella decía que sus padres no pudieron elegir cómo terminar su vida, pero que ella podía elegir cómo vivir, trabajar y curarse para liberarse del lastre del pasado.
Ella decía que la peor cárcel no es aquella en la cual los nazis la metieron, la peor fue la que ella construyó para sí misma. “El tiempo no cura. Lo que cura es lo que haces con el tiempo. Curarse es posible cuando asumimos la responsabilidad, cuando decidimos correr riesgos y, por último, cuando decidimos liberarnos de la herida, dejar atrás el pasado o la pena”.
El victimismo, la culpa, el miedo o la vergüenza son algunas de las cárceles mentales en las que nos recluimos tras un episodio traumático.
Te comparto algunas de sus lecciones de empoderamiento que nos comparte en sus escritos, para vivir en libertad y disfrutar de cada día como si fuera un regalo.
“Si no puedes entrar por una puerta, entra por una ventana”, solía decir la mamá de Edith. No hay puerta en la supervivencia, ni para la recuperación. Todas son ventanas. Pestillos que no puedes alcanzar fácilmente, cristales demasiado pequeños, espacios por los que no pasa un cuerpo. Hay que encontrar la manera.
Todos tenemos esos recursos interiores para atravesar el dolor y reconstruirnos. Esa fortaleza y esa capacidad de estar de pie en el dolor, es la resiliencia. Recuerda que eres más fuerte de lo que crees y que has podido, puedes y podrás.
Así como Caramelo, así como Eger, lo atravesarás saliendo fortalecido y aún más sabio.
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