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Coahuila

Las casas y las calles de Saltillo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 5 años

Las casas tenían un patio en medio y la fuente como un aljibe para guardar agua. Todos los accesos daban al patio y los cuartos alrededor. Esto obedece a una forma muy especial deconstrucción europea que se reflejaba en Saltillo. Cambiaron las fachadas.

Quitaron el aborregado, el almohadillado, o algún acabado que tenía, pero no levantaron el ritmo de puerta y la altura. Las forraron de ladrillo. Pero la forma de la casa saltillense, nos dice el arquitecto Jesús Dávila, ha cambiado absolutamente en 400 años. Algunas se han perdido.

Las calles tienen historia: sobre invasores norteamericanos, sobre Juárez en su éxodo, de Hidalgo y Allende. No hay página en la historia de México donde no aparezca Saltillo. Es una lástima que no se hayan podido conservar esos monumentos, esas casas, esos edificios.

A veces nuestro principal enemigo es la plusvalía y decimos que todo se hizo en aras del progreso.

Tomaban una fotografía y decían: “Saltillo progresa” y eran cinco o seis chimeneas aventando una cantidad de humo increíble. Así, el progreso era también abrir grandes calles para el tráfico. Ahí se perdió la escala humana. Iluminamos la calle con arbotantes de chicote, pero los carros traen faros y no los necesitan. Debemos iluminar la banqueta, que es por donde camina la gente.

¿Para qué ampliaron Aldama? Perdimos una gran cantidad de edificios, como el Élite. Fuimos a dar al Teatro García Carrillo y ahí todo se acabó. ¿Para qué tumbamos parte del edificio de San Francisco, si la siguiente casa se amparó y ya no se pudo ampliar la calle de Juárez?

Estamos hablando de los 50 y los 60, cuando el automóvil era importante. Había que buscarle estacionamiento al coche y se tumbaron los Arcos de la Independencia. Es lo más estúpido que nos haya pasado. Se perdió la escala humana, se olvidó el hombre común y se tomó al automóvil como ejemplo y llegamos, hasta cierto modo, a ser sus esclavos. Eso nos ha creado cuellos de botella. Recientemente el alcalde Jericó Abramo Masso, quiso crear un corredor peatonal como en las  mejores urbes modernas del mundo, para preservar edificios e incrementar el comercio, pero muchos se opusieron a que se bloqueara la calle de Victoria, (¿luego dónde estacionamos nuestros autos?).

Todas las rutas de camiones pasan por Aldama. No hay ninguna ruta que pase por la calle de Obregón y siga. Todos tienen que voltear por Aldama, porque la vialidad también tiene que ver con un sentido inteligente de las rutas de camiones.

Son costumbres perdidas. Antes daban las 8 de la noche y en verano todos sacaban su silla o su mecedora a la calle. Regaban la banqueta y se ponían a ver pasar a la gente. Había dos o tres focos en toda la calle y no había ningún problema. Se la pasaban contando leyendas o historias de tesoros y de aparecidos.

De esto hace más de cincuenta años. La costumbre desaparece porque, hoy en día, si se pasa la señora a visitar a la vecina, la puede atropellar uno de los miles de autos que circulan a todas horas por la ciudad a alta velocidad. Ya no hay seguridad; la pueden asaltar. Si alguien saca una silla a la puerta, en 10 minutos está intoxicado con el humo, si es que no lo golpean. Antes los jóvenes le daban a uno la acera, aunque no te conocieran. Ahora los muchachos por su actitud obligan al pobre viejo a bajar de la banqueta.

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