Coahuila
Por Ramón Rocamontes
Hace 4 meses
Mucho se habla de las habilidades psicológicas que deben desarrollar los deportistas o atletas para alcanzar un mejor rendimiento. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre las competencias psicológicas que requieren los entrenadores para dirigir, formar y acompañar a las nuevas generaciones en una época marcada por las distracciones digitales.
Hoy, entrenar va mucho más allá de enseñar una técnica, diseñar una estrategia o preparar físicamente a un equipo.
La psicología del deporte, las neurociencias y la educación también han transformado la manera de entender el rol del entrenador. Hoy sabemos que el aprendizaje deportivo no depende únicamente de la repetición de ejercicios o de la corrección técnica, sino de cómo funciona el cerebro durante el proceso de aprendizaje. La atención, la memoria, la motivación y las emociones participan de manera activa en cada entrenamiento.
Las y los entrenadores enfrentan el desafío de trabajar con jóvenes que crecen rodeados de teléfonos inteligentes, redes sociales, videojuegos, plataformas digitales y una cantidad de estímulos que compiten permanentemente por su atención, una variable fundamental para el logro de metas y objetivos.
Desde la neuroeducación, se reconoce que las personas aprenden mejor cuando encuentran significado en lo que hacen, participan activamente y se sienten emocionalmente seguras. Esto representa un desafío para los entrenadores actuales, quienes deben generar ambientes de aprendizaje donde los deportistas no solo ejecuten instrucciones, sino que comprendan, reflexionen y construyan conocimiento a partir de sus experiencias deportivas.
Existe una interminable lista de habilidades que debería tener un entrenador. Desde los conocimientos que hay que aprender a nivel técnico, táctico y físico; pasando por conocimientos de planificación, planeación; y con las ya mencionadas habilidades psicológicas para con ello incrementar en un alto grado el porcentaje para que sus deportistas o atletas puedan rendir lo mejor posible.
Todas las habilidades son igual de importantes, y desde luego se entrenan; como lo hacen los deportistas o atletas y entre más las dominen los entrenadores, se les abrirá el espectro de oportunidades.
Con más de 35 años de entrenador de football, preparación física y casi 18 años colaborando con la psicología del deporte, y casi 20 en la docencia, sigo siendo un eterno aprendiz y he tenido la oportunidad de adquirir muchos conocimientos teóricos y muchas experiencias, a la vez he conocido a una gran cantidad de entrenadores de todos los deportes y niveles, los cuales me han enseñado muchas cosas y con los que he compartido espacios.
Tras esas experiencias puedo comentarles que hay algunas habilidades psicológicas que tienen un mayor impacto en el hecho de que un entrenador o entrenadora pueda sacar el máximo rendimiento a sus deportistas o atletas.
Entre algunas de las distintas habilidades psicológicas que debe poseer un entrenador, podemos mencionar al liderazgo, la motivación y concentración.
Aun así, estas habilidades todavía son muy amplias y generales y cada una de ellas ha generado un buen número de artículos e investigaciones.
Ante este panorama, además mencionar que la primera habilidad que debe fortalecer un entrenador es la inteligencia emocional. La capacidad de reconocer, comprender y gestionar sus propias emociones le permite al deportista y atleta a responder adecuadamente ante la frustración, la presión de los resultados o los conflictos que surgen dentro del equipo.
Un entrenador emocionalmente equilibrado transmite seguridad, confianza y estabilidad a sus deportistas. Hay que recordar que los dirigidos en muchas ocasiones emulan lo que hace el entrenador.
Otra competencia fundamental es la comunicación efectiva. Las nuevas generaciones demandan explicaciones claras, retroalimentación constante y una comunicación basada en el respeto. Ya no basta con dar instrucciones; es necesario generar diálogo, escuchar activamente y construir relaciones que favorezcan el aprendizaje y el desarrollo humano.
La motivación del entrenador es otra habilidad, misma que si sabes cómo canalizarla y seas capaz de motivar a tus deportistas o atletas, tendrás grandes beneficios, pero además trabajar para estar motivado como entrenador es de vital importancia. Si los jugadores, deportistas o atletas perciben cierta falta de ilusión la acaban asumiendo como propia.
El entrenador debe ayudarles a comprender que el éxito deportivo es un proceso que requiere tiempo, esfuerzo, disciplina y perseverancia.
La filosofía del entrenador, es otra habilidad que tiene cierta relación con el liderazgo, ya que es fundamental establecer unos principios y normas de actuación claras, intentado que estas sean lo más justas y estables posibles. Además, no serviría de nada tener normas, si no se cumplen, por lo que es crucial tener la capacidad para actuar y tomar decisiones, pero ser congruente con lo que se dice y hace.
El deportista o atleta debe saber que la estructura genera seguridad; y la incertidumbre genera desde luego inseguridad.
Así mismo, no hay que olvidar que el entrenador es el modelo, el estandarte de esos principios y normas, y por lo tanto, es básico que como entrenador sigas esos principios de manera más ejemplar que nadie.
Sin duda alguna que la paciencia se ha convertido también en una habilidad indispensable. Muchas y muchos jóvenes están acostumbrados a la inmediatez de la tecnología y esperan resultados rápidos. De hecho estamos en una sociedad que busca resultados sin esfuerzos, lamentablemente.
La adaptabilidad es otra habilidad clave. El deporte evoluciona constantemente y las formas de aprendizaje también. Los entrenadores deben mantenerse actualizados, aprovechar las herramientas tecnológicas disponibles y adaptar sus métodos a las características de cada generación sin perder la esencia de la formación deportiva.
En tiempos donde las redes sociales pueden influir en el estado emocional de sus entrenados, el coach también necesita desarrollar habilidades de observación y empatía. Muchas veces, detrás de una baja de rendimiento, una falta de atención o un cambio de comportamiento existen situaciones personales, familiares o emocionales que requieren comprensión antes que sanción.
La capacidad de generar concentración es igualmente relevante. En un entorno saturado de estímulos, el entrenador debe crear espacios donde los deportistas o atletas aprendan a enfocarse, escuchar, reflexionar y permanecer presentes durante los entrenamientos y competencias.
No menos importante resulta el liderazgo positivo. Las nuevas generaciones responden mejor a líderes que inspiran que a figuras autoritarias. El respeto se construye a través del ejemplo, la coherencia y la credibilidad. Los entrenadores que viven los valores que enseñan dejan huellas más profundas que aquellos que únicamente los mencionan.
Finalmente, una habilidad que cobra especial relevancia es la educación integral. El entrenador moderno no solo forma atletas; contribuye a formar personas. Cada entrenamiento representa una oportunidad para enseñar responsabilidad, trabajo en equipo, resiliencia, respeto y compromiso.
El mundo digital seguirá avanzando y las distracciones continuarán creciendo. Por ello, el papel del entrenador adquiere una importancia cada vez mayor. Su misión no consiste únicamente en desarrollar capacidades deportivas, sino en fortalecer las habilidades psicológicas que permitan a los jóvenes enfrentar con éxito los desafíos de la vida.
Porque al final, los mejores entrenadores no son aquellos que únicamente ganan campeonatos, sino quienes logran formar personas capaces de dirigir su atención, gestionar sus emociones y construir un proyecto de vida sólido dentro y fuera del deporte.
Hoy más que nunca, entrenar mentes es tan importante como entrenar cuerpos.
Las investigaciones en neurociencias han demostrado que la corteza prefrontal, responsable de funciones como la atención, la planificación, la toma de decisiones y el autocontrol, continúa desarrollándose durante la adolescencia e incluso en etapas posteriores. Por ello, el entrenador desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento de estas funciones ejecutivas mediante la práctica deportiva, ayudando a los deportistas o atletas a gestionar sus emociones, resolver problemas, asumir responsabilidades y mantener el enfoque ante múltiples distractores.
En una época donde las redes sociales, los dispositivos móviles y la sobre estimulación digital compiten constantemente por la atención de los jóvenes, el entrenador se convierte en un verdadero facilitador del aprendizaje. Su labor ya no consiste únicamente en enseñar fundamentos deportivos, sino en desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales que permitan a los deportistas alcanzar un rendimiento integral.
El entrenador del siglo XXI no solo forma atletas; contribuye a formar cerebros más resilientes, personas más conscientes y ciudadanos mejor preparados para enfrentar los desafíos de una sociedad cada vez más compleja y cambiante.
Las neurociencias explican cómo aprende el cerebro; la educación orienta ese aprendizaje; y el entrenador tiene la oportunidad de transformar ambos conocimientos en experiencias que desarrollen no solo mejores deportistas, sino mejores seres humanos.
¡Nos vemos en la próxima!
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