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¡Llórate pobre pero no sola!

Por Federico Muller

Hace 2 años

Para dimensionar el problema de estar solo. La sabiduría popular lo sabe expresar al decir: “llórate pobre pero no sola”.

Este refrán se pensó en la suerte que le deparaba a la mujer viuda o abandonada por el esposo o los hijos, pero también puede aplicarse en el varón del tercer milenio.

Por otra parte, La Real Academia Española (RAE), utiliza un par de acepciones para la palabra soledad: Carencia voluntaria o involuntaria de compañía, y aquella que trasciende lo meramente corporal, y se convierte en un sentimiento de pesar y melancolía que se presenta por la ausencia o pérdida de una persona amiga o familiar.

Y, el adjetivo soledoso, para referirse al que vive en soledad.

“La Evolución de los Hogares Unipersonales”, fue un estudio que elaboró el Inegi, que lo publicó en 2003, en el que describe la condición socio-eco demográfica de los hogares formados por una sola persona en México:

50% eran mujeres; 4 de cada 10, tenían 60 o más años de edad; 60% no concluyó la educación secundaria; una de cada 2 estaba desunida o viuda; 40% no estaba incorporada al mercado de trabajo, y la mitad de los solitarios subsistían de transferencias de ingresos.

Para conocer el número de los hogares monoparentales y su representatividad en la sociedad, se recurre a la composición demográfica del país.

En el año 2000, eran 22.3 millones de hogares, de los cuales 1.4 millones fueron formados por una sola persona. Esto es, 6.27% del total de familias.

Lamentablemente las investigaciones sistemáticas, fiables y hechas por dependencias autónomas sobre los adultos solitarios, dejaron de producirse, las cuales, facilitaban al investigador universitario analizar su evolución a mediano y largo plazo.

De ahí que sería aventurado emitir un diagnóstico de su situación en 2023. No obstante, El Censo de Población y Vivienda 2020, registra que del total de hogares en México, 13% forma hogares no familiares, que el INEGI define como el conjunto de personas que viven bajo el mismo techo, pero ninguno de los integrantes tiene parentesco con el jefe del hogar, y los divide en dos: hogar unipersonal y co-residente.

Siendo el primer tipo, el más común, alcanzando 95% del total.

De tal manera, que la cifra de hogares unipersonales pasó de 1.4 millones en el año 2000 a 4.3 millones en 2020.

La tasa de crecimiento en 20 años fue de alrededor de 200%.

El avance es acelerado, que va en consonancia con lo que está sucediendo en países desarrollados con el grupo etario de 60 años y más; también se presenta una relación directa entre el incremento de la esperanza de vida de la población a escala planetaria y la progresiva desatención de los ancianos.

El envejecimiento humano, se puede revisar desde dos perspectivas; la primera desde su entorno socioeconómico inmediato, que generalmente implica el quebranto de la salud, el rechazo del seno familiar y el descarte del mercado de trabajo. Que tristemente condena al anciano a la precariedad en el sustento del diario vivir; y la otra a partir de las políticas públicas.

El Estado es el ente responsable de garantizar un sistema de salud al que tengan acceso los ciudadanos antes y después de su vida productiva. Durante la cual, el trabajador aportó recursos al fondo de retiro, que hace posible la solidaridad intergeneracional entre trabajadores activos y jubilados.

Pero a raíz de la privatización de las pensiones, el panorama cambió, dando paso a criterios de mercado en la asignación de los recursos a los trabajadores, desprotegiendo a aquellos que ganaron hasta tres salarios mínimos durante su inserción en las actividades productivas.

A partir de entonces la cosmovisión, que ha privado, se exterioriza en los discursos de los políticos. Por ejemplo.

En 2013 el ministro de finanzas de Japón hizo algunos comentarios gerónticos; a los ancianos de su país, les reprochaba que su luenga vida representaba un elevado costo al Gobierno, por los yenes que gastaba en sus tratamientos médicos.

Y ese comentario llamó la atención de la opinión mundial, porque la sociedad japonesa es una de las pocas en el mundo, en que sus miembros se mantienen activos aún después de los 80 años.

Definitivamente, viejos solos y abandonados, requieren al Estado, para que financie la economía de la salud y sus necesidades de cuidadosintegrales.

La soledad de los viejos de considerarse un desequilibrio económico y social acotado a determinadas regiones pobres y a países marginados del crecimiento y bienestar de la sociedad, se convirtió en un problema de salud pública global por su rápida expansión, y porque afecta el bienestar y el desarrollo humano.

Según lo estableció recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien formará y coordinará una comisión de expertos en el tema, que se encargue de formular políticas y estrategias que ayuden a mejorar las conexiones sociales de las personas aisladas.

Algunos funcionaros públicos estadunidenses, entre ellos, el médico que ocupa la Dirección de Salud Pública de ese país, compara los riesgos que implica el estar solo, con los efectos dañinos, que causa a la salud fumarse 15 cigarrillos por día; inclusive va más allá, cataloga a la soledad como de mayor daño para la salud, que el que pueden causar la obesidad y el sedentarismo.

 

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