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‘Me pasó la vida por arriba pero la literatura me salvó’: Luis Bugarini

Por Christian García

Publicado el miércoles, 10 de julio del 2024 a las 04:00


Publica la editorial española Almuzara un ensayo personal sobre las recompensas y consecuencias del ser escritor

Saltillo, Coah.- “Mi experiencia de vida ha sido amanecer y no saber a dónde voy…, a donde vamos”, sentencia el escritor Luis Bugarini, y de esa forma ha recorrido algunos caminos y dejando migas, regresando por esos senderos para borrar sus huellas y dejar algunas nuevas. Aunque, como todo ensayista, la mayor parte de su tiempo prefiere salirse del camino y adentrarse en los misterios del paisaje, lo que le ha permitido observarse a sí mismo y la forma en como está “conformado” él mismo.

Esas reflexiones dieron paso a El Camino de la Mano Escrita: Vida y Escritura en el Nuevo Siglo, publicado por la editorial española Almuzara, recién llegada al país, y de la que el libro forma parte de su primera tanda de títulos.

En esta colección de ensayos personales, Bugarini ahonda en las repercusiones positivas y negativas “de entregar mi vida a la literatura”, y pone en la balanza “las posibilidades que se abren, pero también en las que se niegan.

Elegí ser escritor y dejé la posibilidad de aprender a bucear, de ser piloto de la Fórmula 1; no tendré, tampoco, una pecera marina, porque me dediqué a leer a Catón o a Marcial. Este libro es un poco una declaración de principios”. De ahí que el tono de sus textos puede sentirse como una confesión que va “desde el entusiasmo más candoroso por la poesía hasta una desconfianza de haberme dedicado yo a la literatura, y preguntarle al lector: ¿quieres tú dedicarte a ella?”.

Nacido en la Ciudad de México, en 1978, Bugarini observó el fin del siglo y, con él, el del milenio. Percibió como la lectura de los pesados y voluminosos libros de autores como Lev Tolstoi o Fiodor Dostyevki, eran sustituidos por una lectura que fluía como un río vertical o, mejor dicho, como una cascada que cae gracias al “scrolling” del celular. De ahí que su libro aborde cómo se percibe el oficio de la escritura, la vida literaria, en la actualidad más allá de los cambios sociales.

Según explica “después de haber publicado algunos títulos y artículos periodísticos, me permití hablar yo”, es por ello que prescinde de las citas y toma la hoja de papel como un escenario sobre el cual se para ante un público mudo: el lector. “En el libro hay las menos citas posibles. Creo que ahí está la relevancia de un volumen como este: tú como lector estás leyendo un libro de un escritor-lector del nuevo siglo que habla sobre qué le ha parecido la vida, la literatura.

Hay muchas quejas, diatribas contra esto y contra lo otro, porque no puede ser algo únicamente dulce porque sería un libro falso, una mera proyección de un deseo interior. Sin embargo este contacto con la realidad, con la vida misma, te pone en jaque, y te hace sopesar muchos aspectos que perdiste en la vida, durante la adolescencia, una riqueza que vas perdiendo, mientras vas ganando experiencia en la madurez, y en ese camino hacia la vejez”, explicó el también autor del ensayo Hermenéutica.

Registro del paso por el mundo

En esas correrías, el ensayista explora la capacidad curativa de la poesía no sólo de forma metafórica sino emocional, al usarla como un paliativo para sus constantes depresiones. Pero de la misma forma que lo tranquiliza lo preocupa, apunta, pues cada libro a publicarse deberá cambiar algo, para sumarse al mercado editorial, a la industria. Así, entre enfermedad y trabajo, “uno se da cuenta de que, como decía Virginia Woolf, sí necesitas un cuarto propio para escribir, pero también saludo. Necesitas un mínimo de equilibrio mental para hacerlo. Como una convicción personal tengo que ni del alcoholismo, ni la drogadicción ni de la pobreza extrema puedes sacar tres ideas”.

Así, a lo largo de El Consuelo de la Poesía, De las Ensoñaciones Imposibles o la Escritura del Cuerpo, los tres primeros ensayos del libro, se funde en una lectura personal de sí mismo, mientras que en Los Placeres Mudos, Olvidarse de Escribir y Contra la Literatura se expande hacia el enfrentamiento que le ha traído dedicarse a las palabras.

La relación con la literatura siempre es conflictiva porque al final es una relación con uno mismo. Lo que hay en ella, somos nosotros, porque es un gran espejo de la realidad humana. Por eso se invita a la gente a que lea y pueda encontrar en el libro un poco de quién es, sin garantías de qué pueda encontrar en ella. Pero aún así creo que el gran mérito del escritor, porque sé que muchos de ellos han tenido momentos de crisis, es el de no abandonar, pensar que la notita absurda que hacemos en un café no es un oficio tirado a la basura, porque eso después puede transmutar en algo literario.

Al final es un registro de un ser en el mundo, un registro histórico que tiene una vivencia personalísima que, sólo a través de la literatura puede explicársele a otros. Creo que el camino de la mano escrita es un primer testimonio, de primer orden, de alguien que dijo ‘me pasó por arriba la vida, pero encontré la literatura y me salvó’”, apunta.

Una ética propia

Si en el caso del autor, la literatura es una puerta de escape, tanto que para la falta de químicos en su cerebro se receta lecturas “de haikús de hace 10 siglos”, en el caso del mundo de los lectores actuales es poco más que un pasatiempo que compite “con el alto consumo de medios, con las series televisivas, con el mismo celular y las redes sociales. De ahí que un gran grupo de lectores o una gran campaña de lectura se antoje imposible. Eso porque la industria hace películas para el verano e inmediatamente películas para la navidad, en algo que es muy rápido. Por eso es difícil que de ahí los lleves, por ejemplo, al poema del Mio Cid.

Creo que, realmente, hay que aceptar que en este periodo la literatura está siendo un bien exquisito, un bien minoritario, pero que también está siendo una llamada para todos aquellos que vendrán, que quieran hallar y aprender, a quienes les despertará la literatura como un bien fundamental de la esencia del individuo. Pero aún tengo la convicción, pese a mi desconfianza de formar lectores duros de libros sofisticados, de que la literatura le da a las personas condimento de vida ”, detalló el también novelista, y autor de la trilogía de novelas Europa.Pero más allá de la capacidad de tomar un libro y dedicarle horas de lectura, el tiempo actual, según apunta Bugarini, se ha olvidado de otros aspectos importantes del ser humano, la espiritualidad es uno de ellos, la búsqueda sino de un dios, sí de algo superior. En El Camino de la Mano Escrita, título tomado de un concepto esotérico, apuesta por ello: pasar del cuerpo a la mente y de esta al espíritu, añade el escritor.

A mí me encanta Bukowski y sus poemas escritos en la barra de un bar, pero también me gusta santa Teresa y su poesía que intentó llegar a algo más alto con otros medios. Por ello el título hace referencia a el camino de la mano izquierda y el camino de la mano derecha, representaciones del camino ético individual del budismo tántrico, son modos de buscar la realidad de Dios desde dos perspectivas: el camino de la mano izquierda tiende a una oscuridad, de dramatismo y tremendismo, mientras que el de la derecha es la vida ortodoxa de la realidad trascendente con los actos humanos. Entonces el camino de la mano escrita es, para mí, la propuesta de la fundación de una ética individual que busque desde la literatura y la poesía una realidad que pueda salvarnos más allá del día a día que vamos viviendo”, concluyó Bugarini.

A LEER:
El Camino de la Mano Escrita
Luis Bugarini
Almuzara, 2024
192 páginas
375 pesos

 

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