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Coahuila

¡Me vale madre hacer guaraches!

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 mes

Era uno de muchos dichos que manejaba un personaje del barrio del Ojo de Agua, Isidro Alvarado, miembro de una familia de zapateros, que tenía su domicilio en la primera pendiente de la calle Hidalgo sur, entre el callejón del Ojo de Agua y Félix U. Gómez.

Los otros dos eran Manuel y Apolinar (alias Polín); había dos o tres hermanas, yo recuerdo a Aurora y a Cristina, quienes fueron contemporáneas en la Escuela Primaria Federal Ojo de Agua, ahí frente a la plaza principal de la barriada, que luego cambio de domicilio y de nombre. Adopta el de Juan Enrique Pestalozzi y se ubica en la lomita frente a la calle Unión.

Isidro hacia buenos huaraches de piel de res y suela de llanta usada. Cosía en una maquina especial las piezas, las que llevaban correas con sus respectivas hebillas para sujetarlas por el tobillo y, la suela, una vez trabajada (rebajada), se unía a la estructura del huarache con un pegamento sintético, para luego llevarlas con Manuel Alvarado, que tenía su taller en Miraflores y Escobedo donde, con una enorme maquina denominada “Mackenzie”, cosía las suelas de los guaraches. Ahí acudía la mayor parte de los zapateros remendones de Saltillo, aquellos que ponían tacones y medias suelas o suelas enteras a los zapatos, que hacían que estos tuvieran una duración más larga y más económica. Era el Saltillo de estos señorones artesanos. El otro hermano, Apolinar, tenía su taller por la calle Acuña, entre Escobedo y Colón. Hay en la calle de Felipe J. Mery, al sur de Saltillo, un taller de uno de los hijos de Polín, frente a los consultorios de los hermanos Casas, Leonardo Daniel, Carlos y Manuel.

Isidro tenía una gran demanda de guaraches, no sólo en Coahuila, sino en Tamaulipas. Este tipo de sandalias se vendían en la parte baja del mercado Juárez, aquí en Saltillo, y costaban allá por la mitad del siglo pasado 12 pesos el par.

Según la Real Academia Español, es igual decir “huarache” que “guarache”. Ambas son aceptadas y correctas en México para referirse a la sandalia rústica de cuero. Proviene del purépecha “kwarachi”. ¡Y no es lo mismo “guarache”, que “guaracha”!, esta última palabra es el nombre de un ritmo afrocubano.

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