Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Despega con Chuchuy / 31 de octubre de 2026 app ¿Está en tu cocina? Profeco revela cuál es el mejor sazonador tras analizar varias marcas Texas designa como su territorio 9 islas mexicanas… SRE responde que eso no procede Ocon queda fuera del GP de México y Ryo Hirakawa debutará en la F1 con Haas VIDEO: Vasco se justifica, ‘los técnicos no tenemos una varita mágica’

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

México y Francia: 200 años entre banquetes y vitrinas

Por Columnista Invitado

Hace 6 meses

Por: Sonya Santos 

En 1826 comenzaron los primeros acercamientos diplomáticos entre México y Francia. La relación nació por intereses comerciales y políticos en un contexto internacional complejo, pero con el tiempo encontró en la vida cotidiana un espacio más profundo y duradero, el del gusto.

Desde sus inicios, el intercambio fue claramente desigual. México exportaba materia prima y riqueza natural; Francia, productos elaborados y de lujo. Mientras el país enviaba plata, tintes naturales como la cochinilla y el añil, además de productos agrícolas, recibía a cambio mercancías transformadas que incorporaban técnica, diseño y valor agregado. Este flujo no sólo marcaba una diferencia económica, sino también cultural: lo que llegaba de Francia no era indispensable para la subsistencia, pero sí fundamental para redefinir aspiraciones y formas de consumo.

Ese cambio comenzó a hacerse visible en la década de 1830. En el centro de la Ciudad de México, particularmente en portales y corredores comerciales, surgieron establecimientos impulsados por inmigrantes franceses –muchos de ellos provenientes de los Alpes– que introdujeron nuevas prácticas comerciales. Entre ellas, la vitrina o escaparate: un elemento novedoso que permitía exhibir productos hacia la calle. En estos espacios se alineaban botellas de vino, frascos de conservas, dulces y artículos importados. Comercios como las primeras Fábricas de Francia o los llamados cajones de ropa y novedades transformaron la experiencia de compra. El cliente dejó de limitarse a pedir lo necesario y comenzó a elegir a partir de lo que veía.

Los productos también marcaban una diferencia. Ingredientes como la mantequilla, el azúcar refinada, los licores y las confituras no formaban parte de la dieta cotidiana de la mayoría de la población, sino de un consumo aspiracional vinculado a las élites urbanas. Más que alimentar, Francia influyó en la manera de entender el gusto, asociándolo con refinamiento, modernidad y distinción social.

Esta transformación no se limitó a los espacios comerciales. A lo largo del siglo XIX, y con mayor claridad durante el Porfiriato, la influencia francesa se trasladó a la mesa. Los banquetes comenzaron a organizarse por tiempos, adoptaron el francés como lengua de prestigio y se incorporaron técnicas culinarias europeas. Comer dejó de ser únicamente una necesidad para convertirse también en un acto social codificado.

Un menú de la época podía incluir un potage à la reine, seguido de carnes en salsas como la bordelesa o preparaciones como el vol-au-vent. Entre estos platos se introducía el sorbete, generalmente de limón u otras frutas, cuya función era limpiar el paladar y preparar al comensal para el siguiente tiempo. Este recurso respondía tanto a criterios sensoriales como a normas de etiqueta que reforzaban la idea de sofisticación. El cierre incluía postres de inspiración europea y café.

Sin embargo, bajo esa apariencia afrancesada, persistía México. Los ingredientes locales, las adaptaciones y los sabores propios seguían presentes, generando una reinterpretación constante de las influencias externas.

La relación entre ambos países no se limitó a acuerdos diplomáticos ni a conflictos como la Guerra de los Pasteles o la intervención que llevó al imperio de Maximiliano I de México. También se construyó en espacios cotidianos como en las tiendas, en las cocinas y en las mesas.

A dos siglos de distancia, el vínculo entre México y Francia se entiende mejor no sólo desde la política o la economía, sino desde la cultura material. En ese terreno, la influencia no se impuso de forma absoluta, sino que se integró gradualmente, transformando prácticas, gustos y formas de sociabilidad que, en muchos sentidos, siguen vigentes en la actualidad.

Notas Relacionadas

Difícil medir ‘efecto Taddei’ en elección; siguen su curso comicios en Coahuila

Hace 5 horas

Mató el corazón a 18 laguneros al día en 2025; principal causa de muerte en la Comarca

Hace 5 horas

¡Ya salió el peine!

Hace 6 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 6 horas

¡Ya salió el peine!

Hace 6 horas

Expulsaron a la árbitra

Hace 6 horas

Los tres hermanos confusos