Lo invito a hacer un ejercicio: si usted es mujer, de cualquier edad, ahí le va una pregunta: ¿percibe algún cambio en el contexto social que le haga sentir más segura en las calles, en el transporte público, en su lugar de trabajo, incluso en su hogar?
Si usted es hombre, podría preguntarle a su madre, esposa, hermana o hija, si cree que algo ha cambiado en los últimos meses, en el último año, en términos de seguridad.
Y esto no es una ocurrencia o un ejercicio ocioso, ya que tiene que ver con los resultados de la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, la cual revela que, en el fondo, nada, absolutamente nada, ha cambiado en cuanto a seguridad y protección para las mujeres y, que incluso, el acoso ha aumentado en el último año.
Sí, en su esencia, esta encuesta nos dice que las mujeres siguen enfrentando exactamente el mismo contexto social hostil que tanto se ha denunciado, “visibilizado” en las marchas y manifestaciones feministas. La encuesta revela que nada ha cambiado.
Si no son piropos groseros u ofensivos de tipo sexual o sobre su cuerpo que le molestaron u ofendieron, las tocaron, las besaron, se les recargaron con fines sexuales sin consentimiento o les ofrecieron dinero, regalos u otro tipo de bienes, con la finalidad de algún intercambio sexual, lo que les pareció ofensivo o humillante.
Eso, sin mencionar los casos en que sí fueron agredidas sexualmente.
La mayoría de las mujeres consultadas manifestó sentir inseguridad en los cajeros automáticos y en el transporte público; que tiene temor de caminar en las calles, de ir al mercado o a un parque o centro recreativo.
En suma, en este querido México mágico y musical, nada cambia o todo, pero para quedar exactamente igual, en lo que realmente importa, en lo que nos afecta de manera directa a todos, y eso, más allá de las encuestas, podría validarlo en su círculo cercano.
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