No deseamos dejar solo al Papa León, ante los ataques verbales sufridos, por anunciar en voz alta y con valentía el Evangelio de paz de Cristo, por lo que me uno al coro universal de voces que con firmeza lo respalda, y para ello registro algunas de sus más fuertes expresiones, en estas horas difíciles y oscuras de nuestra historia:
Ante la guerra y la violencia, no podemos permanecer en silencio viendo el sufrimiento de tanta gente indefensa e inocente, víctimas de tantos conflictos. Lo que hiere a ellos hiere a toda la humanidad. (22 de marzo).
La muerte y el dolor causado por estas guerras es un escándalo para la entera familia humana, y un lamento que llega hasta Dios. Renuevo, con toda mi fuerza el llamado a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran los caminos de paz, basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada ser humano. (Dgo de Ramos)
Las guerras que ensangrientan los pueblos, son fruto de la idolatría del poder y del dinero. Cada vida truncada es una herida al cuerpo de Cristo. Que el mundo «no se acostumbre al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra».
«La paz no es un mero equilibrio de fuerzas; es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano al que cuidar y no a un enemigo al que abatir».
«Cuántos cálculos se hacen en el mundo para matar inocentes; cuántas falsas razones se esgrimen para quitarlos del medio». (28 de marzo)
La paz no es un ideal abstracto, sino el corazón del Evangelio, y el cristiano está llamado a rechazar la violencia y a construir reconciliación en un mundo herido.
Jesús permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos… elaborando un plan para condenarlo a muerte.
Como Rey de la paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas. No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra.”
Creemos en … Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).”(Dgo Ramos).
En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza,… Escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra.
Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”
«La gracia y la paz de parte de Jesucristo (Ap 1,4-5). Este saludo resume el camino de Jesús en un mundo en conflicto entre potencias que lo devastan.
Con su gesto (lavatorio de los pies), Jesús no sólo purifica de las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido. (2 de abril misa In Caena domini)
Los lugares santos en el Oriente cristiano han sido profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los conflictos. Quién es discípulo de Cristo, no está de parte de quien lanza las bombas. (10 de abril: Discurso al Sínodo de la Iglesia de Bagdad).
El principio de humanidad inscrito en la conciencia de cada persona, reconocido en las leyes internacionales, conlleva la obligación moral de proteger a la población civil de los atroces efectos de la guerra.”
El de Dios, es un reino sin títeres, sin trivializaciones del mal ni ganancias injustas, sino fundado en la dignidad y el perdón. (11 de abril)
Un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón.
Alcemos la mirada! ¡Volvamos a levantarnos de entre los escombros! Nada puede encerrarnos en un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo en el que las tumbas parecen no ser suficientes, porque se sigue crucificando, aniquilando la vida, sin derecho y sin piedad.
El Santo Nombre de Dios es arrastrado en discursos de muerte. Desaparece así un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre en los cielos.
Está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él. (11 de abril)
La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina.
Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida.
A (los gobernantes de las naciones) les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte.
La Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz, que avanza sin vacilar, aun cuando el rechazo de la lógica bélica puede costarle incomprensión y desprecio. Ella anuncia el Evangelio de la paz y educa a obedecer a Dios antes que a los hombres, especialmente cuando se pone en peligro la dignidad infinita de los seres humanos, por las continuas violaciones del derecho internacional.
Nunca más la guerra, aventura sin retorno; nunca más la guerra, espiral de lutos y de violencia (Vigilia de oración sábado 11 de abril).
Sobre la advertencia a Irán sobre la destrucción de su “civilización”: “Esto realmente no es aceptable”. 7 de abril
No tengo miedo de hablar en voz alta sobre el mensaje de paz del Evangelio. (13 de abril)
El corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes (14 de abril).
Papa León XIV
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