Saltillo

Publicado el lunes, 9 de marzo del 2026 a las 03:10
Saltillo, Coah.- En el marco del Día Internacional de la Mujer, el Obispo Hilario González García pidió, a la luz del Evangelio, poner delante de Dios a todas las mujeres, y que éstas sientan la compasión de Cristo y se conviertan en evangelizadoras de la familia y de la Iglesia.
“ Especialmente a las que, como la samaritana, tienen sed de ser respetadas, tratadas de acuerdo con su dignidad de persona e hija de Dios, acompañadas con cariño sincero, y promovidas para que alcancen su plenitud. Que no haya mujer, en nuestras familias e iglesias, que se sienta abandonada en su sed interior de ser dichosa como Dios quiere”.
En su mensaje dominical, González García recordó el Salmo 95, que dice: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”, para acercarse a Dios y pedirle el agua vida que sacie la sed interior y ablande el corazón.
“ Ofrezcamos, como Jesús, el agua vida que ayude a cada mujer, desde la niñez, hasta la ancianidad, a sentirse amada y comprendida, valiosa y capaz de dar vida en todas las dimensiones de la existencia. Que toda mujer sepa, con seguridad y gozo, que tiene una vocación trascendente, que procede de Dios y conduce a El; y se valore como un manantial de agua viva y fecunda que puede conducir a la vida eterna, unida a Jesucristo y teniendo su esperanza en El”.
Un manantial de agua vida, manifestó, es signo de vida y esperanza, que calma la sed en este mundo y nos conduce a la experiencia de su amor infinito, pues donde hay agua, hay vida.
“ Desde la espiritualidad, no menos que real que la vida en el mundo, también hemos de fundar nuestra vida personal sobre el manantial de gracia que Jesucristo nos ofrece. A veces pensamos que, con nuestra sola fuerza interior, con el chorrito de agua de nuestro propio pozo, podremos sobrevivir”.
“ Jesús, al hablar con la samaritana, quien ha luchado sola y ha tenido fracasos en sus relaciones de amor, le ofrece el agua viva que le permitirá sanar su corazón y tener acceso a una vida valiosa y en paz”.
Añadió que en nuestro caminar por el desierto cuaresmal, nos puede poner en una situación de rebeldía y desesperación, exponiendo nuestra sequedad interior, nuestro “pozo seco”, lleno del lodo de las dudas, pero carente de gracia, amor compasivo, solidaridad con los demás, cuidado de los pobres y respeto al prójimo.
“ Acudamos al Señor, no con la amargura de nuestras carencias, sino con la humilde aflicción por nuestra aridez egoísta y soberbia”, finalizó.
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