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¿Por qué los ataques a Irán son ya una crisis alimentaria global en cámara lenta?

Por JC Mena Suárez

Hace 1 semana

Un noticiero alemán no suele ser el termómetro preferido de los mercados de materias primas. Pero cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) aparece en pantalla advirtiendo sobre el impacto de los ataques a la infraestructura productiva iraní sobre el suministro global de fertilizantes, conviene apagar el ruido de los índices bursátiles y escuchar con atención. Lo que esa entrevista describe no es una anomalía geopolítica. Es el preludio de un choque de oferta agrícola que los mercados aún no han descontado correctamente.

 

 

El vector que nadie cotiza

La tesis es esta: la destrucción de capacidad industrial en Irán -un productor mediano pero estratégico de urea y amoniaco- no es el problema en sí. El problema es la combinación. El gas natural es el insumo dominante en la fabricación de fertilizantes nitrogenados. Irán posee las segundas mayores reservas mundiales de gas. Y el Estrecho de Ormuz, actualmente bajo presión de bloqueo parcial o amenaza de cierre, es el corredor por donde transita aproximadamente 20% del comercio global de ese energético. Cuando la materia prima escasea, cuando la infraestructura de producción está dañada y cuando la ruta de salida está comprometida, el fertilizante no llega al campo. Y lo que no llega al campo en invierno, no se cosecha en verano.

 

 

El mercado que mira hacia otro lado

Los precios agrícolas internacionales reflejan hoy la cosecha de 2025, que está cubierta. Los contratos de futuros del trigo, el maíz y la soya no han incorporado el escenario de 2026 con suficiente prima de riesgo geopolítico. Esa brecha -entre el precio que el mercado paga hoy y el costo real que enfrentará la producción en el siguiente ciclo- es precisamente donde se incuba la próxima tormenta. Para las cadenas de valor agroindustriales del noreste mexicano, y en particular para la Región Sureste de Coahuila, cuya base económica combina manufactura intensiva con proveeduría de insumos para el sector alimentario, el riesgo es bidireccional: encarecimiento de costos de producción por alza en fertilizantes y presión inflacionaria sobre los canales de consumo local.

 

 

El trimestre que decide

El primer trimestre de 2026 es la ventana crítica. Las decisiones de siembra del hemisferio norte se toman ahora, con los precios de fertilizantes actuales como referencia. Si la presión sobre Ormuz se intensifica o si nuevas rondas de ataques dañan capacidad adicional de producción iraní antes de marzo, el mercado recibirá una señal que los futuros agrícolas no podrán ignorar. La pregunta no es si el ajuste ocurrirá. Es si los actores -gobiernos, agroindustria, banca de desarrollo- habrán construido algún amortiguador antes de que ocurra. Hasta ahora, la respuesta observada es no.

 

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