Coahuila
Hace 3 años
@luiscarlosplata
La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa. Esto lo dijo Marx hace 170 años pero es perfectamente aplicable a las elecciones contemporáneas de Coahuila.
Él sólo abundó, sin embargo, en una teoría previamente concebida por Hegel un siglo atrás, también filósofo alemán, quien originalmente mencionó que los grandes acontecimientos y personajes de la historia universal aparecen dos veces. Finalmente, la frase fue sintetizada por un pensador moderno: Slavoj Zizek, esloveno, quien se centra en el mensaje último: “primero como tragedia, después como farsa”.
La cuestión es que dicha hipótesis la podemos verificar en 2023 en territorio estatal a propósito de la votación de Gobernador que ocurrió el domingo pasado y llega hoy al cénit con la entrega de la constancia de mayoría al ganador.
Me explico. Dentro de la época cuasi democrática del país, es decir, a partir de la fundación del Instituto Federal Electoral, en 1990, el estado ha renovado su Poder Ejecutivo en seis ocasiones, cada una con características y circunstancias particulares.
En 1987 y 1993 la coyuntura dominante fue la misma: la imposición centralista de Eliseo Mendoza Berrueto y Rogelio Montemayor Seguy en la entidad, respectivamente. Sin oposición articulada para impedirlo tierra adentro. En 1999 y 2005, por su parte, el hilo conductor igualmente fue idéntico: la rebelión de un aspirante que no era en su día el preferido del mandatario en turno para sucederlo, en la competencia interna del PRI; en este caso Enrique Martínez y Humberto Moreira, quienes vencieron a Jesús María Ramón y Raúl Sifuentes-Javier Guerrero, en ese orden, presuntamente favoritos de quien no pudo legar el cargo.
Hasta aquí se explican dos décadas de Gobierno. No obstante para 2011 los poderes institucionales y fácticos del estado habían sido cooptados por un grupo y se impuso Rubén Moreira por consecuencia como continuación del Moreirato, factor que desencadenó polarización política y el accidentado proceso electoral de 2017. De 2023, fresco en la memoria, ya conocemos los antecedentes.
A su vez, y no menos relevante, un fenómeno se gestó por separado todo ese tiempo: la repetición de candidaturas y su consecuente acaparamiento de espacios.
Armando Guadiana se presentó como candidato de Morena en 2017 y repitió en 2023. Guillermo Anaya hizo lo propio por el PAN en 2011 y 2017. Lenin Pérez también en 2017 (como candidato de UDC que posteriormente declinó y se sumó a la Alianza Ciudadana por Coahuila) y 2023 (en coalición con el Partido Verde).
Bienintencionadas o no, sus participaciones y particularmente su resultado final demuestran la teoría ideada por Hegel, abundada por Marx, y sintetizada por Zizek: la historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa.
No son los únicos casos. A su vez Luis Fernando Salazar se ha quedado en la orilla dos veces, en 2017 y 2023. Misma situación de Jericó Abramo (2017 y 2023). Hasta Javier Guerrero suma una doble oportunidad, en 2005 y 2017 (pues en 2011 se alineó con el triunfador y formó parte del Gabinete estatal inicial).
Bajo esa sincronía pluscuamperfecta que surgió a partir de 2011, cuando todo se descompuso, Ricardo Mejía Berdeja se perfila para dar la puntilla otra vez a la oposición en 2029, tal y como lo hizo en 2023, en una eventual segunda competencia consecutiva, como sus predecesores.
Cortita y al pie
¿Por qué dura 12 años el poder? Desde Hitler hasta el Moreirato: 12 años dura en plenitud, hasta que se desgasta y eventualmente se pierde, o si se mantiene, se conserva por medios no democráticos, tendientes al autoritarismo y despotismo.
Variopintos ejemplos: los 12 años del panismo en la Presidencia de la República, o los 12 años del Chavismo en Venezuela, hasta que derivó en dictadura (misma situación con Daniel Ortega en Nicaragua, o Erdogan en Turquía). Y lo que parece inevitable a estas alturas: 12 años de Morena en la Presidencia.
La última y nos vamos
Y es que, por increíble que parezca, el 5 de junio varios amanecieron pensando en la elección de Gobernador a celebrar en Coahuila por las calendas de 2029, como si la política no fuese un manojo de circunstancias.
Como si, parafraseando a Kundera, la vida no estuviera en otra parte.
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