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Pronósticos económicos para 2022

Por Columnista Invitado

Hace 4 años

Por: RICARDO MÜLLER

Elaborar pronósticos económicos cercanos a la realidad que puedan acontecer en un futuro mediato es complicado por el comportamiento tan volátil que han tenido las principales variables económicas en el mundo y en la economía nacional en los últimos meses; además se da un valor añadido, que de manera jocosa comentan algunos que están en desacuerdo con el trabajo que realizan los economistas como “profetas del porvenir”: “el economista tarda 6 meses en presentar argumentos que expliquen lo que sucederá, y otros tantos en justificar porqué no aconteció lo que predijo”; no obstante, lo anterior, se perfila en comportamientos de las siguientes variables, que probablemente tendrán durante 2022:

Crecimiento de la economía (PIB). Su desempeño durante el sexenio del presidente López Obrador ha sido marginal, que independientemente de las políticas económicas de su mandato efectivas o no; la pandemia está influyendo a nivel mundial en el desempeño de cualquier economía de manera negativa; el “efecto rebote”, que ocurre cuando el antecedente del PIB, por ejemplo del año inmediato anterior, ha decrecido notablemente, el siguiente periodo casi siempre se da en forma relativamente superior, de allí que el crecimiento del PIB nacional de 2020 a 2021, aparentemente haya sido elevado, debido a que partió de una base muy baja (negativa). Para 2022, se estima que no sobrepasará el 2.5%, en un rango de 1.8 a 2.4%, considerando que el Gobierno siga con sus mismos lineamientos y estrategias económicas, recortando programas que reactiven la economía en pro de los de consumo de carácter social. Inflación, infortunadamente se prevé que la carrera alcista del nivel de precios prosiga durante el próximo año, causada por dos factores: 1) Las secuelas económicas que está dejando la pandemia del Covid-19 en cuanto al incremento de los costos de transporte y logística de los bienes e insumos importados de los que dependen las cadenas de producción nacionales, particularmente de la industria automotriz, metal-mecánica y de alimentos. A escala mundial la demanda rebasó a la oferta; además de la inflación importada, la acompaña la llamada 2) inflación “psicológica”, que es difícil de controlar, las herramientas que tiene el Banco de México no siempre “convencen” a los agentes económicos, que tienen sus propias expectativas de cómo evolucionarán los precios. Esos dos elementos harán que el índice de precios se mantendrá en un rango que oscile entre el 5.1 y 8.1 por ciento.

Lejos de las metas que tiene el propio Banco Central. Inversión. Ésta variable es de vital importancia en el desarrollo de la economía, pues está ligada al crecimiento del empleo y demanda agregada; la inversión extranjera directa (IED), sin duda estará en función de la certidumbre que dé el Gobierno mexicano a los inversionistas y de la geopolítica en las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Rusia y China, en los casos de Ucrania y Taiwán, respectivamente.

En cuanto a la inversión nacional, esta requerirá de incentivos y créditos fiscales de la Secretaría de Hacienda para su crecimiento; la inversión pública se seguirá concentrando en las obras insignia del Gobierno. Considerando lo anterior, es probable que llegue al 15% del PIB. Qué será insuficiente para los requerimientos socioeconómicos del país. Tipo de cambio. La paridad peso-dólar, es probable que cierre el año en 23 pesos por dólar, si las remesas de Estados Unidos al territorio nacional alcanzan niveles similares a los dos últimos años, y el precio del barril de petróleo se mantenga por arriba de los 70 dólares.

Aunque, el escenario puede cambiar radicalmente si la pandemia no es controlada y se vuelve al periodo de inactividad económica en las áreas de comercio y servicios.

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