“Te vas y ya no puedo verte,no puedo escucharte, no te siento; pero en cada situación que la vida me presenta y tengo que hacer una elección, tú resuenas dentro de mí. Ahí me doy cuenta: te llevo conmigo”.
Gaby Pérez Islas
Muere papá, y mueren con él muchas cosas de mi historia.
Se viene una crisis en mi historia. En mi familia.
Esta pérdida es sumamente compleja. Cada persona de la familia vive su duelo de manera distinta. Cada persona de la familia duela diferente, porque como ha de ser, cada relación es única. La pareja duela distinto, y cada hijo duela diferente, porque cada uno vivió una relación y tiene una historia con papá que la hizo propia.
Tu papá puede ser tu génesis o tu némesis. Es uno de los vínculos más profundos y primarios. Él es sin duda un pilar fundamental en tu vida.
Ya sea que hayas tenido una relación maravillosa donde existían complicidades, vínculo, admiración. O puede ser que hubieran existido suficientes roces, abandono, violencia o recuerdos que te hayan marcado de manera negativa. Es necesario reflexionar que para entender a un papá, tenemos que irnos a sus circunstancias de infancia. Él es quien es con base en lo que en su vida le formó. Con base en esa historia y esos recursos que aprendió.
Cuando muere papá, es normal y natural sentir que se mueven tus cimientos propios.
Una de las cosas que más duelen y que más se mueven por dentro, es la sensación de esa ruptura interna. ¿Quién soy ahora? ¿Dónde queda esa persona… la persona que yo era con él? Llegar a comprender que con mi padre muere esa parte de mí, de cómo yo era con él… duele, y duele mucho. Atravesar el proceso de su pérdida, de esa ausencia, y poder acomodar e integrar el hecho de que él sigue viviendo a través de esa parte de él que vive en mí, lleva tiempo. Porque como bien lo he dicho, el duelo no se supera, el duelo se atraviesa. El duelo se transita, el duelo se camina, el duelo se acepta.
¿Cuáles son las fases del duelo? Es normal y natural que pases por…
La negación. Esta fase surge a través del shock primario que sentimos al conocer el fallecimiento. La negación ocurre como un mecanismo para protegernos del dolor tan grande.
El enojo. El dolor profundo inicial también nos desemboca emociones intensas muy diferentes. Surgen los “porqués”, el querer encontrar culpables. Es un estado en dónde nuestro cuerpo y nuestra mente luchan en esos pensamientos y con tanta información.
Negociación. Atravesamos esos pensamientos que nos van permitiendo crear acuerdos que nos generen paz. Es el comienzo de la aceptación. No el final de las lágrimas, pero se puede empezar a comprender que el “hubiera podido ser de otra manera”, no existe.
Depresión. Esta fase hace referencia al dolor profundo. De adentrarse en las emociones dolorosas, del sentir esa tristeza profunda, esa sensación de vacío, ese sentimiento de soledad.
Aceptación. Atravesando y gestionando todas las emociones, cuando comenzamos a adaptarnos a una nueva forma de vida… comienza un proceso de aceptación.
Un duelo sano se recorre aproximadamente dos años. El primero es la devastación. El segundo año, la reconstrucción.
¿Cómo atravieso la pérdida de mi papá?
En el duelo, hay una parte que entendemos en la mente y otra forma como lo asimila el corazón. Es importante y necesario que…
Hables sobre él, sobre su muerte, sobre tu historia con él.
Que crees una red de apoyo. Que encuentres tu persona con quien puedes hablar, drenar, llorar, gritar, expresar todo lo que se viene y se mueve dentro de ti.
Que no niegues ni juzgues ninguna emoción ni pensamiento, sino que te des permiso de ir un día a la vez con las emociones que vengan.
Date tiempo para ti. Atiéndete, come, duerme, camina un poco.
Rememora, celebra, recuerda. Poco a poco resignificarás todo lo que se ha venido. Poco a poco, y un día a la vez, podrás fortalecerte de nuevo y podrás aferrarte a la vida.
Hemos de resignificar el dolor. Y como diría Santa Teresa de Jesús, “No te mueras con tus muertos, vive por ellos”. Hoy tienes la vida, regálale vivirla con esa intensidad con la que a él le hubiera gustado.
Hay algo que no se borra, que no puede borrar la muerte. Y eso es lo que me ha dado mi papá, y lo que yo le he dado a él. Esos eventos, esos actos de amor… serán un sostén importante para entrañarlo en mi vida. Esos momentos son parte de nuestra historia, son el eje al que me aferraré cuando extraño su presencia.
Recuerda entrañar, más que el pensar en extrañar.
¿De qué manera lo entrañas? ¿De qué manera vives sus aprendizajes?
Te abrazo con todo mi amor en esta pérdida y me quito los zapatos para honrar tu dolor. Espero estas líneas te llenen de esperanza, de fuerza, y que puedas decir cómo diría mi hermosa maestra Gaby Pérez Islas… “Cada vez que la añoranza por ti crezca, me miraré en el espejo para encontrarte en mí”.
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