Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
VIDEO: Explota en Ormuz un superpetrolero con 2 millones de barriles de crudo al chocar con una mina Rusia propone abastecer de energía a África mediante centrales nucleares flotantes Dona rellena como arma: el macabro plan de un italiano para matar a su primo y heredar su fortuna Sheinbaum reconoce labor de Fuerzas Armadas en atención a desastres naturales

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

¿Quién cuida al cuidador?

Por María José César

Hace 3 años

“La cuidadora o el cuidador primario, es aquella persona que atiende en primera instancia las necesidades físicas y emocionales de una persona que por sí misma no puede, papel que por lo general, es asumido por la esposa, esposo, hija, hijo, un familiar o alguien cercano a la o el paciente”.

¿Qué sucede cuando hay alguien en la familia que está enfermo?

¿Qué se mueve en mí cuando yo soy el cuidador primario de mi ser querido?

¿Qué se me viene en este caminar que puede sentirse sumamente pesado?

Muchas veces nuestra mirada está puesta en el ser querido que está enfermo, en el doliente, en el que se va desgastando poco a poco y que nos hace adentrarnos a un duelo anticipado por la pérdida de la salud, a un proceso de duelo inminente al verle inhabilitado de ciertas facultades. Pero, hay algo importante que es necesario tener presente en esto que hoy te toca atravesar.

Si tu eres el cuidador, hoy quisiera que te recuerdes…

Que antes de ser cuidador, eres persona. Y que es importante que si tú eres el cuidador primario de un enfermo, desarrolles también en ti técnicas de autocuidado. Es necesario que…

 

1. Te atiendas. Que no dejes tus visitas al médico, no descuides tu alimentación, que escuches lo que sucede en ti. Es necesario que gestiones esos pequeños espacios que sean respiros para conectar contigo y cuidar de ti.

2. Te permitas ser sostenido por alguien más de la familia. Y esto no es opción, esto es necesario para poder prevenir un síndrome de sobrecarga o de burnout.

3. No dejes del todo tus rutinas saludables. Tu caminata, tu ejercicio, lo que te alimenta el espíritu. Para una paciente mía era su misa… lo que te nutra a ti.

4. Conectes con los vínculos que te permiten sanar. Esa amistad que es un tesoro, tu terapeuta, esa persona que te hace sentir escuchada sin juicio, tu guía espiritual… Alguien con quien puedas darle salida a todas las emociones que se avecinan. Acuérdate, cada emoción viene a mostrarte algo.

5. Es importante también que vivas el cambio permitiéndote atravesar un día a la vez. Estar en una etapa como esta, donde es imposible planear, donde muchas cosas que se quedan en “stand-by” y hay que enfocarse en lo urgente y/o prioritario… es complicado. Sé compasivo contigo y deja la autoexigencia a un lado.

6. Recuerda que si tú estás bien, ganas en tu entorno. Que si tú estás en paz, le transmites paz a esa persona que hoy te toca amar. Pero también abraza que es natural que se avecinen reacciones de inseguridad (al no saber qué hacer o sentir el peso de las decisiones), el miedo, la negación, el querer huir, el enojo (con el enfermo o con los de “fuera”), la tristeza, la validación para poder ver que lo que le está sucediendo es real.

7. Acompaña a la persona que cuidas, con todo tu ser. Acompáñala con la mirada… Hay una frase hermosa que dice: “Sentémonos en la mesa espiritual, mental, física…”

Si tu ser querido todavía conversa, conversa.

Si todavía escucha, ponle música.

Si todavía le gusta jugar lotería, juega lotería.

No solo le estás dando tu tiempo, le estás dando tu persona y esos instantes, te van a acompañar y van a ser tu anclaje a la vida después.

8. Acompañar… es aprender a saber estar. Se dice fácil, pero acompañar en el dolor, acompañar en estos procesos de vulnerabilidad nos hace vulnerables. Date permiso de tener tus momentos reales con tu ser querido. Se vale llorar, se vale abrazar, se vale y es mucho muy sanador, el contacto físico.

 

Recuerda la frase de Hernández… “No se trata de tratar la enfermedad, sino al ser humano que ha perdido su salud y su paz interior”.

Más adelante, quisiera que reflexionemos sobre lo que siente el doliente y espero que a ti como cuidador también te de paz y certeza de que el saberse amado y acompañado por ti, es más valioso que el saberse fuerte.

Si tú eres hoy un cuidador, me quito los zapatos y te honro en esta tarea de tanto amor. Date permiso de ir un día a la vez y permítete ser sostenido. Espero de corazón que estas palabras te den fortaleza y te recuerden que cada instante de amor entregado, se queda tatuado en la historia de nuestra vida y de nuestros seres queridos.

 

 

Notas Relacionadas

Dejan al IEC acéfalo por un año más; vetan propuesta

Hace 9 horas

Propone Gabriel Elizondo dar certeza jurídica al traslado de combustible para maquinaria

Hace 9 horas

Minino sin uñas

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 10 horas

Minino sin uñas

Hace 10 horas

El martes que medirá el poder de Trump

Hace 10 horas

El legado de Cárdenas frente al poder sin ideas