Arte

Publicado el viernes, 5 de mayo del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Saltillo es una ciudad de secretos. Sus habitantes, por ejemplo, optan por preguntar quién es desde una puerta entrecerrada cuando tocan a sus puertas, entradas que resguardan misterios que, si se escarba en ellos y se investiga bien, podría conectar a la ciudad con ese mítico príncipe llamado Vlad Tepes, también conocido como Drácula.
Ese es solo uno de los hilos que Sergio Avilés conecta en su nueva novela Joyas de la Familia (Alfaguara, 2022) en la que, por medio de un detective privado y una historia real, muestra el destino de una curiosa alhaja que, como dice en el libro “nos ha de llevar de Saltillo al norte de México, hasta San Buenaventura, todavía más al norte, también en el estado de Coahuila, pasando por la vieja hacienda de Nacapa y brincando el mar para terminar en Cluj Napoca, Transilvania, los dominios del auténtico y verdadero conde Drácula, tras una breve estancia en la Ciudad capital de México, justo en el Hotel Regis, antes de su destrucción total durante el sismo del 19 de septiembre de 1985,
Así, el también guionista, inició una pesquisa que lo llevó “principalmente a las hemerotecas públicas y privadas, a Wikipedia en donde hay un mar de datos de donde empezaron a salir detallitos de las monarquías, y luego mucha información que se me hizo interesante para hacer crecer la novela.
“ Porque todos estos entramados, asesinatos, amoríos no son privativos de la realeza, sino que también es de la sociedad común y corriente. Para encontrar estos hechos nada más hay que investigar un poquito, y ver cómo sorprende una ciudad que parece tan pequeña, tan tranquila”, comentó Avilés a Zócalo en entrevista sobre el libro que presentará hoy a las 17:30 horas en la sala Enriqueta Ochoa de la Feria Internacional del Libro de Coahuila.
Así, Joyas de la Familia se muestra como una especie de gabinete de curiosidades en el que cada historia enlazada con otra lleva de la mano al lector por un camino periférico a la historia conocida, y muestra ese otro lado del mundo. Todo ello a partir de su personaje principal: Rubén Pablo Alcocer, un detective privado de 54 años nacido en Saltillo y que tiene encierra en sí mismo, un poco de esa idiosincracia de la capital coahuilense.
Para Avilés, la creación de este personaje “fue muy divertido”, pues comenzó a ver que “en la realidad, en la historia y en los libros hay muchos personajes muy divertidos. Y uno se da cuenta de que los de la realidad son más fantásticos que los ficticios. Por eso quise crear uno que fuera un poco cínico y que tuviera un sentido peculiar de la moralidad. Entonces es él quien cuenta los hechos de la realeza y se divierte con ellos”.
Pero si hay algo que une a Alcocer con Saltillo es una metáfora: la de la memoria. Porque el investigador comienza a sufrir de Alzheimer, y olvida las cosas, pero a su vez se aferra a los recuerdos a retenerlos y no dejarlos ir, o como dice él mismo: “Mi cerebro no guarda secretos, ni recuerdos ya. Es una cárcel con techo de paja en la que los recuerdos reposan la parranda y después se van”. De la misma forma que la urbe coahuilense se mantiene estática en muchos sentidos.
“ Nunca me propuse analizar la cultura saltillense, simplemente en el proceso de la investigación me iba nutriendo de estas cosas y las iba sacando”, aún así lo que sí se preguntó fue “qué personajes había aquí en Saltillo, al estilo de Agusto Pérez, de Niebla de Miguel de Unamuno, o los Otelo, los Hamlet, de Shakespeare.
“ Para mí es un juego encontrarlos. Leer algo y buscarlos, preguntarse quién es esa persona en mi entorno y quién podría ser un personaje en mi película o mi libro. Y en este caso es Rubén Pablo, un hombre que solo deja pasar la vida sin preocuparse demasiado”, dijo.
Y esa cuestión de la salud mental es, también, uno de los ejes que fundamentan la novela del también autor de Me Enamoré de una Cucaracha y El Nombre del Gato. Pues como detalló “la novela es también un llamado para todas aquellas personas que tienen un trato con personas que padecen Alzheimer, que reflexionen que la enfermedad es más demandante para nosotros que para ellos. Porque es muy trágico que vayan perdiendo la memoria, los recuerdos. Pero llega un momento en el que esa misma nube los protege del dolor, y a nosotros que las vemos desde fuera nos duele más”.
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