Por: Roberto Gómez Junco
Muy distinta esta cara Tricolor a la mostrada el pasado sábado en aquel vergonzoso empate ante el segundo cuadro del Valencia, decimoctavo lugar en España, y que se presentó en la cancha del estadio Cuauhtémoc
La Selección Mexicana venció a la de Estados Unidos, para así darse un indispensable respiro. En la cancha de las Chivas, los tricolores supieron recuperar gran parte de la confianza perdida.
Es cierto que la Selección estadunidense no contó con varios de sus mejores elementos (Christian Pulisic, Weston McKenie, Ricardo Pepi, Gio Reyna, Sergiño Dest y algunos más), también es indudable que los jugadores utilizados encararon el partido con total seriedad, como también lo hizo la escuadra mexicana.
Encabezada por Raúl Alonso Jiménez, quien con una magnífica ejecución de un tiro de castigo allanó el camino hacia la victoria al minuto 22 y le dio rumbo definitivo con su aportación para el segundo gol anotado por César Huerta, al minuto 48, la Selección Mexicana fue claramente superior de principio a fin y supo reflejarlo a cabalidad en el marcador.
Muy distinta esta cara tricolor a la mostrada el pasado sábado en aquel vergonzoso empate ante el segundo cuadro del Valencia, decimoctavo lugar en España, y que se presentó en la cancha del estadio Cuauhtémoc al día siguiente de haber llegado de un largo y desgastante viaje.
Un partido en el que la Selección Mexicana tomó muy pronto una ventaja de dos goles sin haber jugado lo suficiente como para merecerla. Ventaja que no supo manejar, para así propiciar la reacción del modesto visitante.
Ante el Valencia, el precio pagado por utilizar a la Selección como “laboratorio tricolor” para “observar jugadores” sin entender que debe observárseles en sus clubes, que la Selección no está para probar jugadores, sino para que en ella jueguen quienes ya probaron ser los mejores.
Después, el costo por la falta de conjunción, de esa eficiencia colectiva que en el futbol sólo se adquiere con el tiempo de jugar juntos. Tiempo con el que esta Selección de Javier Aguirre no ha contado ni contará.
Y finalmente, el costo de la insuficiente calidad que en términos generales han manifestado en los tiempos actuales los mejores futbolistas mexicanos, incapaces de resolver por sí mismos lo que a veces puede resolverse en la cancha al margen del funcionamiento colectivo. Insuficiente eficiencia como equipo y escaso peso de sus individualidades.
Sin embargo, ante el representativo de Estados Unidos mucho de eso logró modificar el equipo de Javier Aguirre con su actuación del martes. Sin ser brillante ni mucho menos, pero sí volviendo a cosas elementales: orden, dinamismo, intensidad, solidaridad en el trabajo de recuperación de la pelota… y un poquito más de imaginación al manejarla.
Como se había visto ante los canadienses, determinación y pierna fuerte al acometer cada balón, volvieron a ser exhibidas esas características que Aguirre se ha empeñado en impregnarle a su equipo. Pero ahora con mejor futbol.
En aras de la necesaria recuperación del adecuado estado futbolístico, lo de antier fue una bienvenida ganancia.
¿O no?
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