Hace un año la vida cambió, es cierto que nunca nos habríamos imaginado que un virus ocasionará una pandemia y que provocará un cambio en casi todo lo que realizábamos de manera habitual. Tal vez llegamos a pensar que era cuestión de días y todo regresaría a la “normalidad”, pasaron así días, semanas, meses y ya un año, para darnos cuenta que ya vivimos en una “nueva normalidad”. Una nueva realidad que aceleró procesos sociales como lo fue la educación formal que a diferencia de otras pandemias ahora contamos con un gran aliado en la tecnología de información y comunicación (TIC´s), que han sido una herramienta fundamental este último año para la formación académica del estudiantado en todos sus niveles.
El señor presidente anuncia un regreso a clases casi simbólico y propagandístico. Dando esperanza a los padres de familia de tener algunas clases presenciales este año y por otro promete vacunas a los profesores, cuando todavía hay miles de trabajadores de la salud que no han sido vacunados.
La urgencia del regreso a clases presenciales es de suma importancia y no es para menos pues esta en juego el progreso de nuestro país, de nuestra sociedad. La brecha socioeconómica se hace cada vez grande y un factor determinante de esto la calidad en la educación. Desafortunadamente este circulo vicioso esta acrecentándose.
Es de reconocer que de manera rápida las instituciones públicas y privadas que no estaban preparadas para impartir clases a distancia o virtuales se organizaron rápidamente, a pesar de las dificultades sin embargo no todo ha sido un caso de éxito, tal vez por la falta de equipo, por la falta de capacitación, por la falta de infraestructura, es que además de que las escuelas estén preparadas debemos de entender que es más importante que las comunidades educativas estén preparadas. Ya que la escuela pública tiene un porcentaje muy alto de alumnos sin conectividad. De aquí la premura al regreso a clases presenciales, por supuesto, como bien lo han pedido los docentes, antes deben de vacunárseles.
Estamos corriendo el riesgo de que la brecha educativa y de formación académica sea demasiada grande, en donde aquellas familias, aquellos estudiantes que cuentan con nulo o poco acceso a las tecnologías se queden rezagados y muy difícilmente se podrán recuperar, y es que ahora primero la preparación académica y después la competencia en el mercado laboral ya no es local sino global.
Es que la manera de impartir clases se transformó, cambió a pasos agigantados en muy poco tiempo, como alumnos, como docentes, como padres de familia seguiremos en este proceso de evolución social – educativa pero tendremos que seguir realizando ajustes que le permitan a los estudiantes prepararse mejor afrontar los cambios que cada vez son más grandes y rápidos en nuestra sociedad. Sin permitir que la brecha social, académica y económica se agrande, más bien tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para reducirla.
Pero al regresar a esa llamada “nueva normalidad” tendremos tareas pendientes que permitan al estudiantado a tener mejores oportunidades académicas, sociales y hasta económicas, con programas alternativos. Por ejemplo, de fomento a la lectura, educación para la salud, escuela de padres, entre otros.
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