Saltillo

Publicado el viernes, 20 de marzo del 2026 a las 04:20
Saltillo, Coah.- Tenía 28 años y una vida normal cuando se sintió mal y cayó en el hospital, fue un preinfarto, pero también, fue el comienzo del desahucio.
Los estudios indicaron esclerosis múltiple primero, y cáncer de médula después, y de ser un hombre fuerte y trabajador, proveedor de tres hogares y siete hijos, perdió parte de su movilidad, tuvo que usar silla de ruedas y lo pensionaron por enfermedad.
Desahuciado
Ithiel Baruch Álvarez Torres es padre soltero de sus tres hijos menores, hace un mes tuvo un brote del que casi no se repone y está desahuciado por cuarta vez, pero eso no es lo más doloroso que le ha pasado en los últimos 10 años: su hijo mayor fue confundido por una pandilla en Los Ángeles, California, cuando estaba de vacaciones con su mamá, y lo mataron de dos balazos.
En la entrada de la casa de Ithiel en la colonia Satélite está un letrero de “Se busca Maderito”, un pequeño perrito mestizo blanco, “pelo rebelde y tímido”, que se le perdió hace más de un mes. “Yo creo que ya no regresa”.
Sigue sonriendo
Al escuchar su historia uno no puede creer que este hombre de 38 años siga en pie, no sólo por la agresividad de sus padecimientos, sino por los golpes que le ha dado la vida y que, más sorprendente aún, siga sonriendo.
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No sé ni cómo le hago, no sé”, reconoce, “sí es muy difícil para mí, hay días muy pesados, me es difícil caminar, me es difícil moverme, ahora es más por la carga de tener un hijo muerto, es mucho más difícil; no te acostumbras a la ausencia, no te acostumbras.
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Yo me casé a los 21 años, tengo siete hijos; de mi último matrimonio fueron tres, los más pequeños, y son los que viven conmigo; los primeros cuatro son de mamás diferentes”, se ríe, “se llevan muy bien entre ellos, es una muy buena relación la que tienen todos mis hijos, incluidos los pequeños; yo he promovido esa unión, porque para mí es primordial que ellos estén bien, sobre todo por mis antecedentes de salud, espero que mis hijos se lleven bien en su momento”.
No se deja caer
Ithiel relata que quedar en silla de ruedas de la noche a la mañana, con movimientos muy limitados y un ojo parchado, fue terrible, pero no podía dejarse caer: Javier, Aracely, Luis, Carmen, Caleb y Sebastián, sus hijos, todavía lo necesitan, y sus dos pequeños nietos: Güicho y su tocayito, lo inspiran a seguir dando la batalla.
Pero es una dualidad eterna: el dolor, la tristeza y la angustia por perder a su hijo mayor, y su salud, y la esperanza, el motor y la fuerza que le provee toda su familia.
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Trato de ver el lado positivo a las cosas; lo que puedo sacar de lo malo, lo bueno: de mi condición me río, de mi aspecto físico me río, de mi caminar me río, de que se me olvidan las cosas me río, de que me caigo me río, ¡me la vivo cayendo, me he caído un chorro de veces! (risas), pero le saco el lado positivo a todo lo que me está pasando”.

‘Soy un buen tipo’
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Sí, sí hay un lado positivo: sacar adelante a mis últimos tres hijos, el verlos triunfar; ver a mis nietos, porque a eso me aferro mucho, me aferro a seguir en esta vida, en este mundo”, expresa. “La enfermedad me ha cambiado, pero yo creo que a lo mejor tengo mejor humor, soy mejor padre, mejor persona, mejor hijo, soy buen tipo… soy un buen tipo”.
‘Todavía estoy aquí’
En enero tuvo uno de los brotes más fuertes de la esclerosis, estuvo internado varios días, canalizado, con mucho dolor, pero firmó el alta voluntaria. ¿El motivo?, era 6 de Reyes.
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Ya es tradición, cada 6 de Reyes hacerles su olla de champurrado y comprarles su rosca, así que yo tenía que estar aquí en la casa para estar con ellos, porque siempre he dicho: si mis hijos no van a tener mi presencia, no va ser porque yo esté enfermo, va a ser porque voy a estar muerto”, afirma.
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Ese día en el hospital dije: todavía estoy bien, todavía estoy aquí, me voy con mis hijos; compramos una rosca y llegamos con mis hijos de sorpresa”, expresa, “yo tengo que cumplir todas esas costumbres que tengo con mis hijos, porque es de donde yo agarro fuerza”.
‘Me han desahuciado cuatro veces’
Ithiel Baruch es el menor de cinco hermanos, “el más chico y el más chisqueado”, dice entre risas; estudió en la Facultad de Ciencias de la Administración de la Universidad Autónoma de Coahuila; dejó de manejar hace un par de años, y cada vez que llega al Hospital los doctores se sorprenden al verlo, no sólo vivo, sino caminando.
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Me han desahuciado cuatro veces: hace años fue la primera, me dijeron ‘tienes el cáncer muy avanzado’, me dieron 5 o 6 meses de vida, ahí sí me dio mucho para abajo, pero me repuse; pasó el tiempo, fui con el oncólogo y me dice ‘¿qué estás haciendo aquí?’, ¡pues aquí sigo!, ¿cómo que qué hago aquí?, y logré salir de eso. Me volvieron a hacer estudios, resonancias, tomografías, el cáncer se erradicó, y después volvió con fuerza”, relata.

‘Ha hecho que le agarre cariño’
Vivir con la muerte de cerquita ha hecho que le agarre cariño, dice Ithiel, quien, con cada brote de esclerosis pierde capacidades motrices, pero no la de sonreír.
Y es ahí donde todos los problemas se vuelven pequeños, y uno se siente bobo por quejarse por nimiedades, o por no dimensionar las cosas.
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Echarle ganas, no se rajen”, asegura, “yo nunca he estado de acuerdo cuando dicen que las enfermedades son sicológicas, NO: es real lo que nos pasa, lo que sí es sicológico es la mentalidad que tengamos ante la adversidad que nos toque vivir.
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No ha sido nada fácil para mí: un preinfarto, cáncer, quedar en silla de ruedas, recuperarme de la esclerosis múltiple, otra vez cáncer; me recuperé, te queda poco tiempo de vida, lo tomo como risa, lo superé; me aplaco un rato, otra vez viene otra metástasis acompañada de otra mala noticia, no importa, tomo el lado positivo, porque son situaciones que nunca va a comprender uno, y para qué lamentarme ¿por qué me pasó eso?, no, no podemos reclamar, sólo salir adelante”.
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