Quizá sí. Porque en las últimas semanas, los medios de comunicación han dado cuenta del número de accidentes fatales registrados en vialidades de alta circulación, donde, por cierto, uno de los reportes reseñaba sobre personas viajando ¡a 150 kilómetros por hora! Es un exceso ¿no?
Las consecuencias de las altas velocidades en la zona urbana de Saltillo han causado la muerte de personas que iban al volante o que viajaban como acompañantes. El alcohol –no en todos los casos– ha sido la causa de una buena parte de los accidentes en tramos como el Pedro Figueroa, bulevar José Musa o el Venustiano Carranza y el bulevar Emilio Arizpe.
“No hay freno y las altas velocidades son la causa principal de los siniestros”, según leía comentarios de expertos que hablaron y sentenciaron su postura sobre esto, en las páginas del Periódico Zócalo.
Las propuestas han surgido en torno a la problemática de los accidentes viales que han enlutado a familias, frente a la falta de precaución, sobre todo los fines de semana, que es cuando según las autoridades se acentúa este fenómeno que, sin duda, requiere de políticas públicas de largo alcance.
La cultura vial es una frase que hemos escuchado por años y en la que poco a poco se ha incidido, como en el uso del cinturón de seguridad o las campañas para evitar responder o atender los mensajes del celular o las llamadas mientras que está al volante.
Pero tal parece que un segmento de la población, el de los jóvenes, no atiende esta frase de “si toma no maneje, y si maneja no tome”. Un eslogan ya muy visto y convertido en un lugar común, pero que no tiene los afectos que se busca entre universitarios o estudiantes que –casi siempre de noche– viajan a toda velocidad sin que nadie los restrinja.
Los operativos antialcohol son una buena apuesta. Las autoridades son el filtro principal para evitar que quienes no están en condiciones de manejar su automóvil no lo hagan. Aunque algunos critiquen el tema, bajo la premisa de una actividad recaudatoria, más vale que quienes no pueden ir al volante sean obligados a descender y que otra persona o la grúa se lleve la unidad al corralón.
Pero lo más importante es controlar desde casa. Si como padres de familia no evitamos que nuestros hijos beban y conduzcan, cuando sabemos que esto es riesgoso e ilegal, no nos quejemos de las consecuencias.
Las medidas de restricción también se imponen en casa. También son responsabilidad de los tutores.
Sin embargo, es importante reflexionar sobre lo que ha pasado en la ciudad en las últimas semanas. La cantidad de accidentes fatales nos advierte la necesidad de promover medidas y políticas que eviten que cada fin de semana, sean estos hechos, el común en la capital coahuilense.
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