Saltillo

Publicado el miércoles, 3 de septiembre del 2025 a las 17:32
Saltillo.- La vida de Dulce y Giovanni cambió para siempre la mañana del martes. Lo que parecía un simple trayecto al hospital se convirtió en un parto inesperado que ocurrió en pleno camino, dentro de su automóvil, y bajo la guía de Alicia Limón, paramédico del 911 que, a distancia, les enseñó cómo recibir a su hija.
La pequeña Dulce, que estaba programada para nacer el 17 de septiembre, decidió adelantarse casi dos semanas. “Empecé con contracciones como a las tres y media de la mañana, pero eran normales. Ya a las seis fueron más fuertes y salimos rumbo al hospital a las siete y media, sin pensar que ya no alcanzaríamos a llegar”, cuenta la madre, todavía con la emoción a flor de piel.
Cuando cruzaban la calle Matamoros, Dulce supo que la niña ya venía en camino. “Sentí la cabecita y le dije a mi esposo: no aguanto, ya no llego. Me recosté en el asiento, puse mis piernas en el tablero y con dos pujos nació mi bebé”, recuerda.
Giovanni, nervioso y tembloroso, tomó el teléfono y llamó al 911. Al otro lado de la línea, una paramédico le dio instrucciones precisas para enfrentar un momento que pocos padres llegan a vivir. “Me dijeron que no moviera el carro, que buscara una toalla o una cobija limpia y que me preparara para recibir a la bebé. Cuando la vi llorar por primera vez, sentí una paz enorme: supe que estaba bien. Fue una emoción inmensa, algo que me marcó para siempre”, comparte el orgulloso padre.
La bebé pesó 3 kilos 260 gramos y midió 50 centímetros. Apenas nació, Giovanni la colocó en brazos de su madre y la cubrió con una cobija, mientras ambos agradecían a Dios por la fortaleza y la calma que sintieron en medio de la situación.
“ Desde temprano habíamos pedido oración a nuestros pastores. Esa fe nos sostuvo en los minutos más difíciles”, confiesa Dulce.
Minutos después llegó la ambulancia, cuyos paramédicos confirmaron que tanto la madre como la niña estaban estables. El traslado al hospital permitió completar la atención médica necesaria, pues la placenta no había sido expulsada durante el parto. “Nos atendieron muy bien, revisaron a la bebé y todo salió perfecto”, señaló la madre.
La pareja, que habita en la colonia Morelos y padres de otros dos niños, reconoce que la experiencia fue tan intensa como inolvidable. “Uno puede estar en un parto en el hospital, cortar el cordón y acompañar, pero recibir a tu propio hijo en tus manos es algo que muy pocos viven. Es impresionante y emocionante”, asegura Giovanni, quien todavía recibe mensajes de amigos y familiares que lo felicitan por su valentía.
Los Dulce y Giovanni no dejan de mirar con ternura a su hija recién nacida. La pequeña, que lleva el nombre de su madre, será recordada siempre por la forma en que llegó al mundo: en un automóvil detenido, bajo la calma de un padre guiado por un paramédico, el amor de una madre que no se rindió y la fe de una familia que cree en los milagros.
“ Fue un parto inesperado, pero también un regalo. Nuestra hija ya tiene una historia muy especial, porque nació en el camino, rodeada de amor y fe”, concluye Dulce, con su bebé en brazos y el rostro iluminado de tranquilidad.
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