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Un Presidente desmoronado

Por Carlos Loret de Mola

Hace 5 años

La recopilación interminable de disparates, ocurrencias, ridículos y barbaridades del Presidente, casi inevitablemente culmina en perder de vista lo importante, y caer en la trampa propagandística oficial que eso busca… y logra en buena medida.

Coneval, cuyo titular cuenta con el aval del Mandatario, diagnosticó que en lo que va de este Gobierno, hay 4 millones más de pobres y 15 millones de mexicanos dejaron de tener acceso a los servicios de salud.

Es la prueba demoledora del fracaso fundamental del obradorato. Su lema de vida, desmoronado. Es ya un sexenio perdido en materia de combate a la pobreza y la desigualdad.

La medición del Coneval hace añicos también el mito de que los programas sociales de este Gobierno federal se dirigen como nunca a los más pobres: todo lo contrario, llegan menos que en los sexenios anteriores a los que más los necesitan, llegan menos a los que dependen de ellos para sobrevivir.

Y en salud, una debacle catastrófica. El resultado de la berrinchuda manía destructora de todo lo anterior y la pasmosa incapacidad, improvisación e ineptitud para construir lo nuevo.

En tiempos políticos normales, estos datos serían el tema central del país, constituirían una losa que sepultara la credibilidad del régimen y la legitimidad de su presunto proyecto de transformación. En los tiempos de simulación estrambótica y monumental manipulación propagandística que vivimos, le bastó a AMLO con un “yo tengo otros datos”, para escurrir el bulto y concentrarse en su circo cotidiano.

Sin embargo, es claro que el Presidente está débil y da muestras de ello: la rebelión de los magistrados del Tribunal Electoral Federal, la imposibilidad de lograr la extensión de mandato del ministro Zaldívar en la Suprema Corte y la urgencia de manipular la consulta de la revocación de mandato, para hacerla de “ratificación” de mandato, son síntomas de que el poder ilimitado ya no lo es.

Así, mientras la realidad le da fuertes dentelladas a ese poder ilimitado que buscó el Presidente e imaginó tener asegurado, los coletazos desesperados con que responde a esa pérdida real son ominosos y peligrosos: la injerencia de Palacio no disminuyó, se incrementó, como se exhibe en la churrigueresca sucesión de presidencias en el Tribunal Electoral, y se detecta en las embestidas judiciales a opositores (Derbez, Anaya y las que vengan), que contrastan con la impunidad sin pudor que garantiza para los suyos (desde Toledos fugados a la medida, hasta Píos, Martinazos, Bartletts, Lomelís y los que guste el Mandatario incluir en su creciente lista de pillos intocables).

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