Dice una vieja máxima que ante cualquier situación hay que esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor y así se tendrían mayores posibilidades de salir bien librado del trance, cualquiera que este sea.
Bueno, con esto en mente, en la mayoría de los hogares mexicanos, cuando se intenta caracterizar el espíritu del año nuevo, se suele recurrir a la imagen de un recién nacido, regordete y feliz.
La imagen lleva implícitos los deseos, anhelos de paz, prosperidad, éxito. Que el año que llega sea mucho mejor, en todos los sentidos, que el año que termina.
En esta ocasión propondría un cambio en esa simbólica y tradicional imagen por algo un poco más realista: la cara de un perro Rottweiler, rabioso, que muestre los colmillos y lance espuma, y que, además, nos vea fijamente, como anunciando el inminente ataque.
Sí, el 2021 no pinta nada bien, en ningún sentido. Todo lo contrario, amenaza con intensificar, al menos durante el primer semestre, la de por sí alta cuota de problemas sanitarios y económicos con los que nos vapuleó este 2020.
Los excesos, la indisciplina ciudadana, pasarán su factura a partir de enero, y también lo hará el muy debilitado andamiaje económico.
Todo apunta a que las medidas implementadas para contener los efectos de la doble crisis se encontrarán en situaciones límite y muy probablemente estallen los problemas colaterales que se han gestado a lo largo del 2020, entre ellos, el educativo y, principalmente, el social.
No se puede ocultar que cada vez más mexicanos se encuentran literalmente al borde de la desesperación y eso alimenta un escenario muy peligroso.
Así que olvídese de esa imagen rosa y optimista del recién nacido regordete y feliz. Mejor prepárese, como pueda, para enfrentar a ese Rottweiler rabioso que es la más realista tarjeta de presentación del 2021.
Más sobre esta sección Más en Coahuila