Y un singular comerciante
Jesús Barrera Roque abrevó los conocimientos del comercio guiado por su maestro y patrón don Inocencio Aguirre Oyervides, “Chencho Aguirre”, aquel famosos patriarca que por su tesón, experiencia y sabiduría era respetado por su familia y la comunidad comercial saltillense.
Chencho Aguirre le apostó a la publicidad por la radio y la prensa en momentos en que sus colegas, le pensaban, -“pues no hay ventas”-, para vender más que sus competidores a través de sus negocios Aguiso, Joya, Telas Aguirre, entre otros. El señor Aguirre fue tan visionario que hasta un publicista y locutor de planta tenía, Panchito Torres López.
Ahí fue donde aprendió el buen comercio Jesús Barrera Roque, que una vez sintiéndose con alas para volar instaló su tienda de ropa, calzado y sombreros, con el nombre de Sombreros Cuauhtémoc en la calle Manuel Acuña, entre Lerdo de Tejada y Pérez Treviño.
Y supo que la publicidad le iba a ayudar a incrementar sus ventas, como así sucedió. Era muy común que todas las mañanas en el programa Arriba el Norte de la súper tradicional XESJ, “El Compadre Medina”, famoso locutor saltillense anunciar el negocio de Barrera Roque, “Sombreros Cuauhtémoc” con un slogan que tenía doble sentido: ¡Échale Chuy!, para animar a la gente a comprar y en alusión de que a ambos les gustaba “echarse la copita”.
Jesús Barrera Roque era originario del barrio del Topo Chico y casó con Julieta Perales Lavat, vecina del Centro Histórico, ambos procrearon a tres hijos Gloria, Juana María y Jesús Barrera Perales, quienes prácticamente crecieron en la tienda, pues sus padres se dedicaban de tiempo completo a atender a la clientela, además don Jesús vendía sus productos en las rancherías cercanas a la ciudad.
Barrera Roque fue uno de los comerciantes que resultaron perjudicados con la construcción del Mercado Nuevo Saltillo, destinado a oferentes que antes exhibían sus mercancías en la vía pública o sobre las banquetas del primer cuadro de la antigua mancha urbana de la capital coahuilense.
Exactamente donde tenía su tienda Sombreros Cuauhtémoc, quedó el estacionamiento del centro de abastos. Se instaló una cuadra más abajo, pero ya no fue lo mismo. Luego compró un auto le colocó placas del servicio de alquiler y se dedicó a atender otro tipo de clientela.
Sus padres fueron Sabino Barrera y Julia Roque originarios de General Cepeda, Coahuila.
Jesús Barrera y Julieta Perales vivieron una intensa historia de amor y juraron quererse hasta el último día de su existencia. Apenas iban a cumplir 50 años de casados, cuando la muerte sorprendió a la señora el 1 de marzo de 2016. Jesús falleció de tristeza cuatro días después. Tenía 69 años. La canción que le entonaba a Julieta era “La Morenita Mía”, aquella escrita por el maestro regiomontano Armando Villarreal dedicada a su esposa recién fallecida y que fue un éxito a nivel nacional en las voces de varios intérpretes:
“Conocí una linda morenita y la quise mucho, por las tardes iba enamorado y cariñoso a verla y al contemplar sus ojos mi pasión crecía, ¡hay morenita, morenita mía no te olvidaré!”
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