Muchos ingenuos quieren creer que Miguel de la Madrid fue un buen presidente, pero, víctima de la situación, lamento informar que es algo falso. Don Miguel llegó con la misión de ayudar a ocultar y curar los estragos del desastre recibido, del cual era partícipe.
Teniendo un país sumido en una profunda crisis, estábamos los mexicanos abordos en ese vórtice de inflación, devaluación y nuevos créditos. Solo veíamos ese desfile de “brillantes economistas” que servían para lo mismo que productos de redes comerciales.
El respeto a la prensa y a la oposición fue deplorable. En su sexenio se asesinó a Carlos Loret de Mola, abuelo, en un retén militar. Luego, Manuel Buendía, famoso periodista que publicó notas sobre el enriquecimiento del presidente, también fue asesinado en un estacionamiento en CDMX.
El tema del narcotráfico se disparó, incluyendo el asesinato de un agente de la DEA en Jalisco, con la participación de su secretario de Gobernación, el siniestro, de faceta torcida, Manuel Bartlett. La noticia de 15 mil hectáreas de marihuana sembradas en el estado de Chihuahua dio la vuelta al mundo.
El terremoto del 85 solo sirvió para comprobarlo como incompetente, pero eso también sirvió para que despertara ese monstruo que ahora nos devora: el entonces priismo de izquierda. Desde Echeverría fue creciendo esa afición a las ideas de izquierda, en las oficinas de gobierno y en el campo mexicano. Muchos ya consideraban un futuro izquierdista como destino manifiesto. Muchos personajes de la grilla reclutaron como operadores, en diferentes niveles, a una mayoría de egresados de esas barricadas o movimientos, al principio estudiantiles. Así como en las aulas imperaban los cuadernos y las calculadoras, en esas barricadas lo que imperaba era la marihuana, la pintura y las bombas molotov. Mágicamente, muchos títulos y hasta posgrados fueron expedidos, considerando “la lucha” realizada.
Por lo del sismo, intentando aprovechar ese noble y auténtico sentimiento de solidaridad del pueblo chilango, de rescatar de los escombros a quien se pudiera, el PRI repartió esa responsabilidad entre los que son la plana mayor de lo que ahora conocemos como Morena. Cuando, por requerimiento de la banca mundial, el “candidato natural” fue Salinas de Gortari, vimos el primer berrinche masivo de la izquierda mexicana.
Por unos escasos años, los ciudadanos de a pie tuvimos la ilusión de que terminaría ese infierno estatista, en el que los personajes del partido tenían patente de corso y en el que se iban creando organismos de control y transparencia.
Ahora vemos que se unieron las peores partes de ese partido de los años 80.
Por eso, no sorprende que divulguen que la encargada del despacho ubicado en Palacio Nacional consuma cannabis cuando menos en forma habitual.
El consumo de marihuana no es factor para descalificar a nadie (en mi vida he conocido brillantes profesionistas que le queman las patas al chamuco); en el caso de la señora, es un defecto más.
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