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Coahuila

Warsh-Bessent y el culebrón de treasuries

Por Columnista Invitado

Hace 2 meses

Por: Joel Martínez

 

Desde el viernes 14 de agosto, los llamados vigilantes del mercado de bonos estadunidenses iniciaron una escalada alcista de las tasas de los treasuries, dibujando un escenario catastrofista para la economía.

Sin embargo, ayer Scott Bessent, secretario del Tesoro y Kevin Wrash, presidente de la Reserva Federal, empezaron a “meterlos en cintura”.

Los treasuries de 10 años escalaron de 4.63 a 4.72% del jueves al martes.

Las presiones alcistas de las tasas de largo plazo se dieron por la confluencia de un mal reporte de las finanzas públicas a julio, con un proceso que ya lleva semanas de fuertes colocaciones de bonos de largo plazo, básicamente para el fondeo de las industrias de Inteligencia Articial (IA).

A media jornada del miércoles 12 de agosto se publicó un mal reporte de las finanzas públicas:

-El déficit público de julio fue muy alto: 432 mil 307 millones de dólares, creció 48.5% anual.

-Lo más relevante fue que el saldo del déficit fiscal acumulado en los 10 meses del ejercicio (octubre-julio) creció 10.5% con respecto al anterior.

-El hoyo está en que el Gobierno tiene tres meses con saldo negativo en el cobro de aranceles, ha tenido que regresar los que cobró indebidamente, según la corte estadunidense.

No obstante, el Gobierno ha restablecido los aranceles con otros argumentos legales y es previsible una recuperación de estos ingresos.

El reporte fue aprovechado para crear un ecosistema de información que interpretó, de manera errónea, como fuera de control el déficit fiscal y como si fuera un problema orgánico.

Por eso ayer el Tesoro anunció un aumento al doble en el tamaño de las recompras de bonos de largo plazo (10 a 30 años) como apoyo a la liquidez en ese mismo horizonte, a partir del 9 de septiembre.

Lo hace básicamente porque la curva está fuertemente distorsionada por dos factores:

1.- Los reportes de inflación de julio en todas sus modalidades (consumidor, productor e importaciones) fueron bastante benévolos y las ventas al menudeo colapsaron.

El efecto fue que casi está diluida la idea de que la Fed va a subir.

Hace cuatro semanas la expectativa del mercado de futuros de los fondos federales era de dos apretones monetarios en 2026 y uno en 2027, hoy es de solo uno en diciembre.

Al menos por esta razón deben bajar las tasas de los treasuries.

2.- El déficit fiscal acumulado en el ejercicio de 2026 tiene como fuente principal, para ser más abultado, el regreso de lo cobrado por aranceles que, como lo mencioné arriba, ya fueron restablecidos con otro sustento legal.

Es posible una mejora en las cuentas públicas en el corto plazo, sin embargo, las interpretaciones catastróficas ven el déficit como un proceso de descomposición orgánica.

De hecho, la cantidad de recompras anunciadas es pequeña, lo importante es el mensaje: la Fed y el Tesoro no van a permitir que se desvirtúe la curva.

Después del anuncio, los treasuries de 10 años cayeron 7 puntos base (pb), a 4.64 por ciento.

La confrontación de algunos segmentos de los mercados financieros con Bessent y Warsh los ha llevado a creer que las recompras son un Quantitative Easing (QE).

Incluso se llega a decir, de manera equivocada, que cabe la posibilidad de un despliegue más amplio del “control” de la curva de rendimientos, como lo hace Japón desde 1990.

Las recompras se realizan desde hace tiempo y son compensadas con sobrecolocaciones de letras del Tesoro (papel de corto plazo), es decir, se esteriliza la liquidez.

Al final, las operaciones son parte de la caja de herramientas monetarias de un banco central y deben usarse para corregir desviaciones en la formación de la curva que dañan las finanzas públicas y la economía.

Es claro que si la inflación rebota y/o las finanzas públicas se desestructuran, no hay recompras que detengan un canal de alza de los rendimientos de largo plazo.

Por el momento, no es este el escenario, y la medida busca no descarrilar el nuevo modelo económico estadunidense basado en la reindustrialización y el control de la hegemonía mundial en la IA.

Fuera de un sesgo ideológico o de ortodoxia económica con alguna corriente, si las autoridades monetarias no atajan la corrida especulativa contra los treasuries largos, descarrilarían las bolsas, sobre todo, las acciones de las empresas tecnológicas.

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