Primero, una gran afirmación de fondo: nunca, en la historia de la humanidad, ha resultado una buena idea rendir pleitesía a los gobernantes. En la medida en que se acota la visión crítica y se generaliza la incondicionalidad, se alimentan los liderazgos autoritarios.
Ahora sí, a la forma, a lo coyuntural: Andrés Manuel dice que su pecho no es bodega. Dice que todo debe transparentarse, que el pueblo bueno y sabio tiene derecho a conocer hasta los últimos detalles de todo lo relacionado con la vida pública.
Sentencia que eso de que las cosas se manejaban en lo oscurito es propio de los neoliberales, conservadores, “fifís” y corruptos. Que la secrecía, las reservas, el ocultar información es cosa del pasado; ahora todo es transparente. Y que bien si así fuera, pero la realidad nos dice otra cosa.
Por los hechos, el pecho de Andrés Manuel sí es bodega, y de las grandes, donde se guardan los informes, los datos, los costos de las grandes obras. Parece que el pueblo bueno y sabio solo tiene derecho a conocer lo que él quiera que conozca, y por supuesto, cómo quiera que lo conozca.
No se trata de cuestionar gratuitamente al líder máximo y único conductor de la 4T, sino de advertir el abismo que existe entre lo que se dice y lo que realmente se hace.
Total transparencia, salvo si usted quiere saber el costo de los contratos para comprar vacunas contra el coronavirus, o los estudios que exige la construcción del Tren Maya; o cómo va y cuánto costará realmente el Aeropuerto de Santa Lucía o el reporte sobre la liberación de Ovidio Guzmán o el plan para combatir el robo de combustible.
Todos estos asuntos y otros 8 mil, sí escuchó usted bien, 8 mil asuntos de la vida pública en el país, fueron clasificados por la 4T como información reservada, muchos de ellos, hasta por cinco años, por lo que, de no haber una resolución del INAI que revoque la clasificación, no se conocerá hasta que termine el sexenio.
En fin. Entonces, el pueblo bueno y sabio tiene derecho a conocer todo, bueno, realmente casi nada; solo lo que convenga, cuándo convenga. Curiosa interpretación de lo que significa total transparencia. Ocho mil asuntos reservados… esto debería ser una suerte de récord Guinness de la opacidad.
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