Comparto una urgente reflexión, a partir de la palabra de Jesús dicha en Jn 10, 9. Todos nosotros, antes de ir a dormir, después de cenar, convivir un rato y hacer nuestras oraciones, cerramos la puerta de la casa familiar con mil cerrojos y candados, para que ningún extraño ni intruso penetre, resguardando a nuestro cónyuge e hijos, de todo peligro.
Pues bien, ¿cuántos de nosotros, una vez hecho esto, cerramos con mil cerrojos y candados, los dispositivos y tablets de nuestros hijos pequeños, y no les permitimos que se los lleven a su cuarto o a su cama? Porque ahí muchos desconocidos, escriben y hablan con sus niños y niñas. Bandidos y delincuentes, que no pueden entrar por la puerta principal, sí lo hacen a través de los juegos (roblox, por ejemplo), influyendo en sus hijos e hijas, engañándolos, robándose poco a poco su confianza, ofreciéndoles premios, hasta apoderarse de sus datos, fotografías e información, para pasar luego a hacerles caer en trampas y retos con los que poco a poco los van embaucando, hasta presionarlos y angustiarlos, de tal manera que llegan incluso a atentar contra su vida y la de los demás. Con el uso de lenguajes encriptados, emojis, y códigos siniestros, los llevan a comprometer su vida, su familia, su entorno y su futuro. (Caso del estudiante de 15 años que mató a dos maestras; y de las pintas en los baños de escuelas con amenazas de tiroteos en por lo menos 15 Estados de México). Yo soy la puerta del redil de las ovejas, dice Jesús. El que entra por mí se salvará; encontrará pastos verdes y agua cristalina. Los papás y los adultos tenemos la grave responsabilidad de proteger a nuestros menores de estos gravísimos peligros, informarles, educarlos y prevenirlos, para que no queden privados de la hermosa vida que sólo en Cristo pueden encontrar, con todos los fulgores y bendiciones abundantes que trae consigo. Esto vale también para los adultos, quienes también debemos cuidar con quién nos relacionamos vía redes sociales, qué información compartimos y a qué portales accedemos, para que no nos roben el alma, y todo lo valioso que tenemos.
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