Por: Jesús Mena Suárez
En el mercado farmacéutico hay tres tipos de medicamentos, el que se receta para aliviar ayudando restaurar procesos naturales, los que curan y los que tienen cuidados médicos paliativos.
De qué depende obtener uno u otro, de la ética del médico. Así es, hay profesionales que emitirán una receta con un medicamento que le alivie, que es igual a disminuir o mitigar las enfermedades, las fatigas del cuerpo; mientras curar es hacer que una lesión, dolencia, herida o enfermedad remita o desaparezca.
En tanto la medicina de cuidados paliativos tiene la finalidad de mitigar, suavizar o atenuar el dolor de un enfermo en etapa terminal.
De esta situación se desprenden los precios de los medicamentos que se tienen en las farmacias que también tienen tres diferentes precios al público en donde el valor estriba en si son de patente o son genéricos.
En los dos casos de fármacos de patente o genéricos tienen el costo máximo al público grabado en las cajas, el precio sugerido, y es una estrategia de mercadotecnia, porque la farmacia lo vende a un valor inferior y deja la sensación de que obtuvimos un medicamento a mejor precio, pero, no es así, es mercantilización pura. El costo grabado en la caja es el primer valor que viene desde el laboratorio.
El segundo importe, es el que gustosos pagamos al trabajador que nos atiende en el mostrador y nos dio la “buena noticia” de una valía menor al grabado y el que se aplica presentando una tarjeta de fidelidad, pero, en realidad es una tasación pactada entre el fabricante, distribuidor y dispensador o farmacia y el tercer valor que se ofrece al amigo, al conocido es la capacidad de precio-ganancia que hay entre el distribuidor y la cadena de farmacias.
Finalmente nos preguntamos qué va a pasar con los medicamentos tan caros que tienen costos de 800, 900, mil, mil 300 pesos, y ni con la tarjeta de fidelidad, el costo del amigo o pagar menos que el precio máximo será suficiente porque habrá quienes puedan pagar y otros no tendrán la capacidad económica, no lo podrán hacer.
Esta adversa situación se concentra en la población de adultos mayores quienes, por la misma edad, tienen diversos padecimientos a pesar de que se hayan cuidado, pues el cuerpo sufre el desgaste natural del organismo y con el paso de los años todo va disminuyendo, la cabeza, el corazón, los pulmones, etcétera. Esta población con una etapa de vida avanzada enfrenta dificultades para poder comprar un medicamento de patente o genérico por las limitaciones financieras y es donde uno se lamenta diciendo:
“Qué triste es llegar a viejo”.
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