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Coahuila

Aprendiendo a ‘escuchar’ mejor

Por María José César

Hace 5 años

“Saber escuchar es más que tener la capacidad de oír las palabras de los demás.
Es, principalmente, poseer la capacidad de dejar de oír nuestras propias palabras.”

David Fischman

Stephen Covey, autor del libro “Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”, afirma que muy poca gente escucha con la intención de entender; sólo escuchan con la intención de responder. Y es que nuestras habilidades para comunicarnos, hablar y escuchar, las aprendemos desde la infancia y las vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida. La cosa es que solemos pensar que sabemos escuchar, cuando lo que escuchamos realmente es lo que nos queremos responder a nosotros mismos o al otro.

Me he detenido a pensar en mis relaciones

¿Quién me comparte su corazón? ¿A quién le gusta conversar conmigo? ¿Cómo suelo escuchar y cómo son mis conversaciones generalmente? ¿Con quién me gusta conversar? ¿Con quién me siento escuchada? ¿Sé escuchar en mis conversaciones o por el contrario estoy haciendo ya marañas en mi cabeza antes de que la otra persona termine? ¿Me bloqueo y realmente no escucho?

Para saber cómo escuchamos, comencemos por reflexionar y observar las posturas y actitudes que solemos tener al escuchar.

Para comunicarnos eficazmente hemos primero de aprender a escuchar. Oír y escuchar son dos actitudes distintas. Cuando escuchamos prestamos una atención más profunda, ponemos realmente la intención y enfocamos los sentidos a recibir lo que la otra persona nos está compartiendo.

¿Cuántas veces has oído pero tu mente está en otro lado? Cuando no queremos escuchar, no escucharemos aunque nos griten. Tal vez podríamos oírlo, pero no iremos más allá de un contacto superficial.

¿Cómo dominarnos y ejercitarnos para ser mejores escuchas?

Abre tu corazón. El primer acto de amor es escuchar al otro con esa apertura, pues esa persona merece todo tu respeto y atención. No agarres el celular, no mires a otros lados, mira a la persona y decide darle la atención por más distractores que tengas.

Sigue el ritmo de la conversación, asiente con la cabeza, ten los brazos abiertos. Recuerda que tu postura corporal invita al otro a abrirse y le hace sentir acompañado.

Mantén el contacto visual, tu mirada le recuerda a la persona que tiene toda tu atención.

Resiste la necesidad de interrumpir, y apaga tus pensamientos.

No aconsejes, no impongas tus experiencias, al menos que la otra persona te lo pida.

Ponte en el lugar de la persona, eso es ser empático. Para poder comprender sus puntos de vista y lo que la persona vive, hay que enfocarnos en su historia… ¿Cómo me sentiría si esto me pasara a mi?

Empatiza con sus palabras, repitiendo lo que la persona acaba de decir. Empatiza con sus emociones, dándole importancia a eso que sintió y parafraseando con tacto lo que la persona dice o intenta decir.

Una vez escuché que por algo las personas tenemos dos oídos y una boca, y por lo tanto debemos escuchar el doble de lo que hablamos. Escuchar realmente a los demás implica salirnos de nuestros propios pensamientos, creencias y juicios, para con una apertura del alma, estar realmente presentes y hacer sentir al otro escuchado.

Escuchemos para entender, no para contestar. Comprendamos que escuchar de verdad es un acto de silencio interior. Es aprender a callar nuestro diálogo interno, apagar nuestros juicios y abrir de par en par nuestros oídos y todo lo que somos.

Aprender a escuchar será para ti uno de los recursos más importantes en tu vida para mejorar tus relaciones personales.

Ojalá reconozcamos eso que nos impide escuchar activa y asertivamente, para entrenarnos y ser mejores y verdaderos escuchas. Porque cómo diría Hemingway, eso nos hace especiales, pues casi nadie sabe hacerlo. Y comprendamos que más que ser especiales, esta habilidad al entrenarse y desarrollarse, puede ser ese bálsamo que de consuelo y apoyo a toda persona que se acerque a nosotros.

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