Saltillo

Publicado el sábado, 21 de marzo del 2026 a las 03:05
Saltillo, Coah.- Las ventas estaban flojas ese día, su recorrido por el Mercadito de la Bellavista no resultó como esperaba y traía su triciclo lleno de esperanzas y cazuelas de barro.
Tenía más de 5 horas sin vender nada y ya hacía hambre; se encaminó a comprar algo de comer cuando vio a la muerte de frente, pero “de allá arriba” lo alcanzaron a salvar de un trágico final.
“ Ahora sí que la suerte de, al ver cómo venía el camión, alcancé a correr para atrás; me quedé hasta temblando del susto”, relata, “yo nomás vi que venía recio el camión y el coche iba pasando, alcanzó a frenar el coche cuando el camión lo impactó y él mismo se llevó mi triciclo”.
Carlos Armando Martínez es el vendedor que el jueves salvó la vida de milagro, cuando un camión embistió de frente a un auto y ambos vehículos se proyectaron directamente hacia él; logró saltar cual actor de películas de acción, pero su triciclo, su fuente de trabajo, quedó bajo los fierros retorcidos.
“ Vendo cazuelas, ollas, platos y artesanías de barro”, expresa, “mi triciclo, con el mismo impacto, rebotó contra una camioneta que estaba estacionada, mis cazuelas todas se quebraron, todo se quebró ahí, hasta el banco que traía se hizo cachos”.
“ Es lo de una semana que saco para trabajar, de la mercancía que traía”.
Originario de Pachuca, Hidalgo, Carlos y su padre vienen a Saltillo a vender las cazuelas que hacen de manera artesanal sus familiares; pasan aquí un mes, regresan a casa y vuelven a la capital.
“ Vine a levantar el acta para ver si me pueden reparar lo de mi triciclo, pues es mi fuente de trabajo”, comenta, “diario salgo a vender, salgo a las 8 de la mañana y diario ando así en las calles ofreciendo mi producto, me meto como a las 9 o 10 de la noche”.
“ Ahí me quedé con mi triciclo, esperando a ver qué me decían, no lo podía ni menear, la llanta quedó doblada, ahí me quedé hasta que llegó la grúa y se lo llevó”, expresa.

Hoy su triciclo está en el corralón y no sabe si tenga reparación
Pero Carlos es un hombre de fe, cuelga de su cuello un rosario tejido; tiene 31 años, una esposa y dos pequeños niños que lo esperan con ilusión, quienes aún no saben lo cerca que estuvo de cambiar sus vidas.
“ Hay que encomendarse un poquito más a Dios para que alcance uno a reaccionar en cualquier circunstancia, porque si no se acerca uno a Dios ahora sí que quién nos va a cuidar”, reflexiona.
“ Y estar un poco más con la familia, porque se la pasa uno más lejos y siempre puede llegar a pasar algo”, dice, “trataría de estar más con ellos, nada más que a veces la circunstancia de que hay gastos, que tiene uno que trabajar, pues no lo permite”.
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A nombre de la mamá de Carlos: YESENIA VIZUETT GARCIA
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