¿Cuál es el atore más significativo de mi pasado?
“Tú no juegas”, “Tú no te metas, no sabes nada”, “A ti no te invito”…
Todas las experiencias que se viven en la mente, tienen a la larga un reflejo en el cuerpo. Y nuestro cuerpo graba nuestra historia.
Y así nos vamos reprimiendo en cierta forma y de muchas maneras. Y esto nos impide conectar con el gozo. Vamos creando corazas… y estas corazas impiden que me conecte con y desde el amor.
De niños no sabemos cómo exteriorizar esas emociones.
Las cargamos, nos las tragamos, y para evitar un sentimiento que nos perturbe, las cerramos. Pero… ¿qué sucede cuando yo reconozco mi herida?
Aprendo a gestionarla de manera diferente.
Todos tenemos una herida primaria o dominante, aunque solemos movernos entre dos. Martha Sánchez, mi maestra en “Sanación de Infancia”, nos decía que …
“Cuando reconozco la herida, la gestiono de manera diferente. Ya no soy reactiva, puedo verla y decir: esto es mío. No hay garantía de cambiar la historia, pero ya no entorpece mis relaciones y me relaciono sanamente. Dejo de proyectar”.
Y esto es lo que realmente buscamos al querer mirar, sanar e integrar. Sanar mis heridas para saber yo nutrirme y dejar de proyectar esas necesidades.
Dejar de esperar que los demás me maternen, me paternen, eso que ahora desde mi adultez me toca a mí.
Las heridas de nuestra infancia se forman entre los 0 y 7 años.
Es probable que pudiéramos traer también heridas desde generaciones anteriores.
Nuestra personalidad herida es una estrategia adaptativa. Es ese disfraz con el que solemos presentarnos al mundo, pero no es realmente quien somos.
¿Cómo buscas ser amado, visto, reconocido, completado?
¿De qué manera te vives rescatando, evadiendo o llamando la atención de otros?
Cuando tenemos asuntos inconclusos, tenemos cierta compulsión a repetir.
¿Cómo saber si hay recuerdos sin procesar o reconocer mi herida?
Pudiera comenzar realizando una biografía personal.
Si hago un viaje a mi infancia…
Y me regreso a las diversas experiencias por las que me tocó atravesar.
1. ¿Puedo identificar un acontecimiento doloroso?
2. ¿Qué o quién lo provocó?
3. ¿Qué sensación tuve entonces?
4. ¿Qué creencias desarrollé sobre mí mismo o sobre el mundo entonces?
5. ¿Qué creencias sobre mí mismo o sobre el mundo continúan en mi presente?
6. ¿Qué sensaciones se me generan con esto?
7. ¿De qué manera hiero, por dónde ataco, qué instrumentos uso (silencio, violencia, indiferencia, venganza….)?
8. ¿Cuando hiero, de qué manera me justifico?
¿Cómo identificar cuál es mi herida primaria?
1. Rechazo- Si tiendo a ocupar la máscara del huidizo. Si suelo vivirme desde el…
“No me invitan, no me consideran, no encuentro mi lugar”. No me sentí aceptado como yo era. “Me siento inexistente, siento que no hay algo que pueda aportar…”.
2. Abandono- Cuando creo escenarios donde siento que me van a dejar. Busco la presencia, me siento solo y tengo miedo a quedarme solo, ausente, plantado… a que “me abandonen”. Mis padres estuvieron ausentes emocionalmente.
3. Humillación- El sentirme expuesto o vulnerable me da terror. Tengo pánico a que me ridiculicen o se avergüencen de mí.
4. Traición- No me cumplieron lo que me prometieron, por eso soy inflexible con las personas que no cumplen o no prometen.
5. Injusticia- Cuando hay frialdad. Nos cuesta disfrutar la vida. Cuando juzgo o excluyo. Cuando me vivo desde el deber…
Yo soy amor, aunque tenga una personalidad herida.
Eso que pasó, no me define mi valor como persona. Asumo que las condiciones emocionales en las que vine, no tienen que ver conmigo, sino con circunstancias que eran externas a mí. Me hago responsable de mis heridas desde mi parte adulta.
Comprendiendo que cuando sano, me dejo de enganchar.
Cuando sano, ya no representa un asunto no resuelto. Por lo tanto, dejo de repetir.
Si desdibujo mi herida, dejo de mirar la carencia.
Date permiso hoy de reconocer que solo tú eres responsable de tu historia y de tus heridas. No somos responsables de sanar a los otros o que los otros sanen, solo podemos hacernos responsables de nosotros mismos.
Es importante comprender que no todo mundo está listo para abrir el libro de su historia. Si tú hoy no te sientes listo, date el permiso de vivirlo a tu tiempo.
Porque ir hacia adentro, duele. Y no siempre estamos listos para mirar.
Es normal y natural tener miedo de abrir, miedo de descubrir, miedo a sentirnos vulnerables ante un recuerdo que nos causó mucho dolor.
Lo que es importante y necesario, es que vaya a mi ritmo y me permita atravesar lo que venga sintiéndome contenido con un acompañamiento terapéutico.
Más sobre esta sección Más en Coahuila