Arte

Publicado el sábado, 3 de enero del 2026 a las 18:47
Ciudad de México.– En un contexto donde la política ha cedido su lugar al conflicto y el desarraigo se ha vuelto la constante, el cine venezolano emerge como el último bastión de la memoria. Durante su reciente visita a México, el actor y productor Édgar Ramírez presentó Aún es de noche en Caracas, una cinta que no solo explora la crisis, sino que retrata la “expulsión” emocional y física de millones de ciudadanos.
Basada en la aclamada novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo, la película narra el despertar de quien descubre que el país que conocía ha dejado de existir. Ramírez, cuya carrera internacional creció a la par del deterioro institucional de Venezuela, fue enfático al describir su propia situación.
” “Yo no me mudé de Venezuela, yo no pude regresar por mi posición política ante el régimen”, afirmó el actor. “El exilio te convierte en una suerte de zombi espiritual”.
Para Ramírez, el término “migrante de lujo” no aplica a su caso, pues asegura que el desarraigo no fue una elección. Al referirse a la situación actual —marcada por los recientes eventos diplomáticos con Estados Unidos—, el actor señaló que en su patria “no existe la política”, pues sin derechos garantizados, el diálogo es imposible.
Bajo la dirección de Marité Ugás y Mariana Rondón, Aún es de noche en Caracas utiliza como telón de fondo las oleadas de protestas de 2014, 2017 y 2019. Estas fechas, claves en el endurecimiento de la postura de Washington frente a Caracas, son rescatadas por las cineastas para evitar el olvido.
Ugás explicó que la intención fue hacer visibles escenas que ya forman parte del imaginario traumático del país. Por su parte, Rondón subrayó que el arte debe llenar el vacío que dejó el discurso político para permitir que los venezolanos vuelvan a hablar de sí mismos.
El fenómeno del cine venezolano no se limita a un solo título. Lorenzo Vigas, el primer latinoamericano en ganar el León de Oro en Venecia con Desde allá, continúa explorando las grietas de la sociedad a través de su trilogía sobre la paternidad (Desde allá, El vendedor de orquídeas y La caja).
Vigas sostiene que las películas “si no se ven, no existen”, y ha utilizado las plataformas internacionales para denunciar la crisis económica y la fractura social de su país desde hace más de una década. Para él, el cine no busca explicar el conflicto geopolítico con potencias extranjeras, sino documentar los efectos humanos que este deja a su paso.
El cine venezolano contemporáneo ha encontrado en los festivales internacionales (Venecia, Cannes, San Sebastián) una ventana para mostrar que, más allá de las cifras de migración, existe una necesidad profunda de reconstrucción de identidad. Lo que las noticias presentan como crisis diplomática, el cine lo traduce en historias de resistencia y la urgencia de no olvidar quiénes son, incluso lejos de casa.
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