Arte

Publicado el miércoles, 4 de junio del 2025 a las 04:01
Ciudad de México.- Pese a la excepcionalidad de su trabajo como artista, Miguel Covarrubias (1904-1957) no ha sido suficientemente reconocido dentro y fuera de México, a decir de Sergio Raúl Arroyo, quien observa varias razones detrás de ello.
Tanto por tratarse de un mexicano abriéndose paso en el mundo gráfico por Estados Unidos como por los prejuicios hacia la caricatura y la ilustración como presuntos géneros menores en comparación con la pintura, pero, sobre todo, por no haber pertenecido a la llamada Escuela Mexicana de Pintura.
Así lo expuso el antropólogo en el Palacio de Iturbide, donde el mes pasado se inauguró la muestra titulada Miguel Covarrubias, Una Mirada sin Fronteras.
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No me extraña, así sucede. Hay gente como Agustín Lazo, María Izquierdo, artistas muy importantes que siempre han estado relegados. “Entonces, yo creo que lo que es la Escuela Mexicana de Pintura es una especie de horno crematorio de todo lo que no fue parte de ella”, expresó Arroyo, cocurador de la exposición junto con Anahí Luna.
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Covarrubias no quiso pertenecer deliberadamente a un movimiento nacionalista. Era un artista cosmopolita, uno que empezaba a mirar a otro lado desde México, y de pronto se fue. Ahí hay una sustancial y radical diferencia con casi todos los artistas de esa generación”, apuntó, por su parte, el artista Abraham Cruzvillegas, en un conversatorio organizado alrededor de la muestra.
Contra la inclinación hacia la política que había en su familia -su padre fue parte del Gabinete de Venustiano Carranza-, Covarrubias optó por una vida en las artes plásticas, negándose a terminar la preparatoria y aprendiendo dibujo de forma autodidacta. Muy pronto pasaría de los diarios universitarios a ser el caricaturista de algunas revistas y periódicos importantes, ganándose a pulso el mote del “Chamaco”.
Y aunque en el ambiente bohemio de la Ciudad de México conoció a figuras clave del arte nacional como José Clemente Orozco, el Dr. Atl y Diego Rivera, tales encuentros no le hicieron seguir la misma senda que ellos.
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En lugar de apegarse estrictamente a lo que era para él más natural, que era acercarse a la Escuela Mexicana de Pintura, empieza a tomar una cierta distancia. Me parece un acto de inteligencia verdaderamente inédito en ese momento; conociendo a los pilares de la Escuela Mexicana, Covarrubias no cede a la tentación de meterse directamente a eso”, remarcó Arroyo.
“Nunca se montó en el caballo revolucionario. Su trabajo, incluso como funcionario, nunca estuvo al servicio de las causas plenamente políticas y nacionalistas”, añadiría más adelante.
Fue en 1923, con sólo 19 años, cuando Covarrubias llegó a Nueva York, y apenas tres años después sus trazos ya estaban en todas las publicaciones de más alto tiraje: Fortune, Vanity Fair, The New Yorker; “es el más cotizado de los dibujantes que hay en ese momento”, remarcó Arroyo, refiriendo que ahí se dio cuenta “que su pequeño mundo nacional no era el centro del mundo”.
Con sus “entrevistas imposibles”, estampas de encuentros entre figuras como Clark Gable con el Príncipe de Gales o Josef Stalin con Elsa Schiaparelli, creó “un aquelarre de celebridades” del que todo mundo quería ser parte, enunció Cruzvillegas.
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Todo mundo quería que lo pintara. Y al final, Covarrubias, siendo literalmente lo que era, y como le seguimos diciendo, un ‘chamaco’, se volvió una celebridad”, subrayó el artista ante una audiencia con varios colegas suyos, como Damián Ortega, el Dr. Lakra y la fotógrafa Graciela Iturbide, muy felicitada por haber sido reconocida con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 hace unos días, además de Cándida Fernández, ex directora de Fomento Cultural Citibanamex.
Mientras que la Revolución Mexicana había traído de regreso la historia prehispánica, y la modernidad era vista como amenaza, el quehacer de Covarrubias relucía en dirección opuesta; es decir, era una celebración de la actualidad, sin dejar de reconocer sus contradicciones y también sin abandonar su filiación de izquierda, de acuerdo con Arroyo.
Su influyente representación de la cultura en Harlem, el papel que tuvo en la concepción de las culturas prehispánicas, y hasta su vínculo con la danza, fueron otros aspectos de la trayectoria de Covarrubias discutidos en el conversatorio, mismos que se pueden apreciar en la muestra que permanecerá abierta al público hasta septiembre próximo en el recinto ubicado en Francisco I. Madero 17, Centro Histórico.
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