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Agencias
Publicado el miércoles, 3 de octubre del 2012 a las 15:04
Amsterdam, Holanda.- Louise y Martine Fokken son por estos días el centro de atención en Ámsterdam con la publicación de sus memorias y una película documental sobre su vida. El filme, “Meet the Fokkens”, sigue a las gemelas de 70 años, que comparten secretos de la venta de sexo en el famoso Barrio Rojo de la ciudad.
Louise y Martine deambulan por su apartamento de dos dormitorios en Ijmuiden, al oeste de Ámsterdam.
Una con zapatillas, la otra con sandalias, se preparan unas espumosas tazas de café y se sirven sus pasteles de crema favoritos.
Hay una sincronía distraída en sus movimientos. Martine emite murmullos de aprobación mientras Louise canta una vieja canción sobre las familias obligadas a huir durante la Segunda Guerra Mundial. Su madre era en parte judía, algo que logró esconder de las fuerzas de ocupación nazis mientras permanecían en los Países Bajos.
La canción, sobre el final, hace hincapié en la alegría de vivir y la tristeza de irse.
“Éramos muy pequeñas durante la guerra. Cuando las sirenas empezaban a sonar, nuestra mamá nos llevaba al sótano. No teníamos cascos, así que usábamos sartenes para cubrirnos la cabeza. Todo nos parecía muy gracioso. Nos divertíamos”.
Les pregunto si al pensar en su vida ven más risas o lágrimas. “Oh risas, risas, definitivamente. Hay que reírse incluso cuando uno está triste, porque es tu vida y no se puede cambiar, pero siempre es mejor si se está sonriendo”. Las hermanas asienten con la cabeza al unísono.
Amor
Pero sus cuidadas sonrisas escarlata, de expertas, no logran esconder un brillo de tristeza en sus ojos.
“Por supuesto, cuando teníamos 14 o 15 años nunca pensamos que algún día íbamos a trabajar como prostitutas. Éramos creativas y teníamos sueños”, dice Martine.
Las hemanas dicen que su historia ayudó a cambiar actitudes.
Louise añade: “Yo siempre digo que mi marido me metió en esto a fuerza de golpes. Él era violento y me dijo que me dejaría si no vendía sexo para ganar más dinero”.
“Fue el amor de mi vida”, dice.
Los hijos de Louise fueron llevados a un hogar de niños. Ella toma una de las fotografías, que muestran sus caritas sonrientes, de los estantes de una biblioteca antigua.
Martine sigue vendiendo sexo. Ella dice que la pensión del Estado holandés por sí sola no es suficiente para vivir. Louise abandonó el trabajo a causa de la artritis.
Martine dice que le gustaría retirarse, pero no puede permitírselo. El documental la muestra en el trabajo, encaramada en un taburete en medias, portaligas y tacones aguja de charol.
Los jóvenes que pasan por allí, algunos de ellos en despedidas de soltero provenientes del extranjero, se burlan de ella por ser vieja. Ella se ríe (como lo hace con todo) y dice que no le importa.
Ella dice que los tiempos han cambiado: “Los chicos son diferentes ahora, beben demasiado, están gordos y no te respetan. Deberían andar en bicicleta como los holandeses, en vez de beber todo el día”.
A pesar de la competencia más joven que hay a su alrededor, todavía hay un mercado para los servicios de Martine.
Ella se especializa en esclavizar a hombres mayores. Los tienta con disfraces que les gustaría ponerse o los atrae a su burdel con una gran variedad de látigos y zapatos de tacón alto. Parece que ha encontrado un nicho en el mercado del fetichismo.
“Conocemos los trucos, sabemos lo que quieren. Sabemos cómo hablar con ellos y sabemos cómo hacerles reír también”. “Honeybee, ven a mí”, cantan al unísono en inglés, con un fuerte acento holandés.
Altibajos
Martine dice que tiene suerte de estar viva: “Una vez vino un hombre y había algo que no me gustaba de él, así que le hice quitarse toda la ropa. Me senté en la cama y sentí que debajo de la almohada había escondido un cuchillo enorme.
“Siempre hay altibajos”, añade Louise. “Altos y bajos, altos y bajos…”, canturrean las gemelas, antes de estallar en carcajadas.
Entre las dos suman un siglo de experiencia. Y ahora su historia se está globalizando.
Las memorias de las gemelas encabezan la lista de los libros más vendidos en Holanda, al tiempo que se está editando una versión en inglés, que se espera lanzar a finales de este año.
Las hermanas dicen que “Meet the Fokkens” ha servido para cambiar actitudes y que algunos abusos fueron sustituidos por el respeto.
Y mientras Martine se come los restos de pastel de crema de Louise, y comparte un bocado con uno de sus tres chihuahuas que hace equilibrio sobre su hombro, jura que no lo habría hecho de otra manera.
“Esto es lo que sabemos hacer. Si no nos prostituimos, ¿qué hacemos? Esta es nuestra vida”.
“Y –agrega mientras le echa un vistazo a su hermana– todavía nos divertimos”.
Confunden trata con prostitución
Por: Milenio
El ombudsman capitalino, Luis González Placencia, subrayó que “en las autoridades capitalinas existe un problema de confusión de trata de personas y prostitución”, lo que ha generado no tener políticas públicas eficientes para combatir la trata de personas.
Luego de recibir un reconocimiento por Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y El Caribe (Coalition), por la labor de la CDHDF en el combate de este delito, González Placencia reconoció que hace falta un enfoque “mucho más integral, que incluya leyes efectivas, servidores públicos que las cumplan eficientemente, jueces que consideren el delito de trata para cuadrar los comportamientos y una política a nivel educativo que informe sobre la gravedad de la trata de personas”.
“Se ha planteado, por ejemplo, solamente como opción la criminalización de las personas que están ejerciendo servicios sexuales en las calles, el recurso a la policía, lo cual simplemente genera un círculo vicioso porque a la violencia que ya se da en posibles víctimas de trata se añade entonces un proceso de revictimización a cargo de la policía o a cargo de las autoridades, particularmente de las locales, de las delegacionales”, explicó el titular de la CDHDF.
Por otro lado, destacó que la comisión realiza un trabajo integral, porque a partir de las quejas que reciben de la ciudadanía, realizan investigaciones.
Así mismo, subrayó las recomendaciones que la CDHDF ha emitido por este delito, dirigidas a la delegación Cuauhtémoc, al Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal y a la subsecretaría del Sistema Penitenciario.
“Hicimos recomendaciones muy importantes. Una última por la situación del corredor Buenavista (Cuahutémoc), en donde estamos planteando la necesidad de establecer una política pública que nos ayude a generar respeto por las personas que de manera libre, han decido dedicarse al trabajo sexual”.
Durante la ceremonia, la procuradora general de la República, Marisela Morales, también fue galardonada con el Premio Latinoamericano Por la vida y seguridad de las mujeres y niñas en América Latina y el Caribe.
En su discurso en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), la funcionaria reconoció que faltan avances para combatir totalmente la problemática de la trata de personas en el país; sin embargo, reconoció que en materia legislativa y respecto a las sanciones, se está trabajando para combatir “esta forma moderna de esclavitud”.
Ser sexoservidora no es un trabajo: jueza
Una magistrada consideró que “la prostitución no es un trabajo”. Así lo determinó la jueza de Control, Niñez, Juventud, y Penal Juvenil y Faltas de Río Segundo, María de los Ángeles Palacio de Arato. “No puede ser considerada un trabajo porque la explotación de la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres”, sostuvo la magistrada.
El fallo generó polémica en de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), que reclamó la sanción de una ley que regule la prestación de servicios sexuales autónomos.
“En la sentencia, se hace eje en que la prostitución no es un trabajo, afianzando la visión de los feministas abolicionistas de la prostitución”, aseguró la titular de la Ammar, filial Córdoba, Eugenia Aravena, según consignó Télam. “Aquí no tenemos ninguna posibilidad: ni de cambiar de trabajo, ni de ser trabajadores sexuales. El trabajo sexual es un medio de vida para un montón de mujeres, hombres y transexuales. La sociedad tiene que aprender a respetar las decisiones de quienes queremos trabajar en esto”, recalcó Aravena.
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