Arte

Publicado el miércoles, 6 de mayo del 2026 a las 04:03
Saltillo, Coah.- Para la novelista nacida en el Distrito Federal, Mónica Lavin, el norte de México tiene que ver “con el lenguaje”; para su tocaya y colega Mónica Castellanos “con una herencia familiar, la de un abuelo de Múzquiz y otro de Rosita”, mientras que para el culichi Élmer Mendoza “con la memoria”. Para todos ellos, sin embargo, el norte es un espacio de creación, como afianzó el coahuilense Vicente Alfonso, en el diálogo Viaje Literario. Conversar el Norte, que ayer tuvieron los autores, moderados por la historiadora Elizabeth Moreno, en el Centro Cultural Vito Alessio Robles (Cecuvar).
Este proyecto, que tuvo ayer una fecha en Parras de la Fuente y que concluirá hoy en Torreón, es un esfuerzo por mostrar el impacto de esta región del país en la literatura mexicana de las últimas décadas. Así, los autores fueron de lo abstracto, como la identidad norteña y cómo el lenguaje le da forma a esta, hasta lo geográfico con el desierto.
Fue Lavin quien apuntó que, para escribir su primera novela Tonada de un Amor, se inspiró en Parras de la Fuente, un oasis en medio de un desierto que la enamoró.
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Para mí el desierto es la claridad. Tomé la decisión de dejar de estudiar biología en el desierto, dejarla por la escritura, porque me llenó precisamente la claridad, y eso es lo que hacen los escritores: hacen visible, invisible, de alguna manera esa poética del paisaje, ese otro lenguaje que a veces sucede bajo tierra, y todas estas raíces que buscan el manto acuífero, eso que está por debajo, que no es de ver ni obvio, es bueno para la literatura. Es lo que está debajo para contar”, explicó Lavín.
Para Mendoza, originario de Sinaloa, el desierto está ahí llenando su memoria de juventud, especialmente el que cubre Sonora y su frontera con Estados Unidos, sin embargo, es el lenguaje el rasgo que más lo llena y define como norteño: un lenguaje vivo y festivo, lleno de palabras musicales que utiliza en sus novelas, como las de la serie de El Zurdo Mendieta, y que lo llevaron a ser miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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Mi territorio es el español, soy miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y ahí dicen que yo conseguí entrar porque fue quien introdujo la lengua norteña en la literatura. Logré crear mi identidad a partir de los idiomas, de las palabras que he escuchado siempre. “Cuando escribí descubrí que el lenguaje tenía que ser todo, no fue todo lo mismo, pero es lo que quiero decir”, añadió el novelista.
Finalmente, Castellanos apuntó que “a mí me encanta narrar el noreste. Desentrañar estas historias, meterme en investigación, viajar, ir, averiguar”, las historias como las que encierran sus novelas Carbón Ardiente, sobre la mina en Pasta de Conchos, y El Aroma de los Anelos, sobre Parras de la Fuente.
Viaje Literario continuará hoy en Torreón, con un diálogo sobre las voces femeninas en el norte del país.
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