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Secretos de Notre Dame

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 año

No sé si sepan que la obra Notre Dame de Paris fue escrita en menos de siete meses y publicada en marzo de 1831. Aunque la aceptación de la novela se llevó su tiempo y Victor Hugo cayó en la angustia al decirse que la gente ya no leía, ya no iba al teatro y ya no le interesaba la cultura, debido a la situación política en que se encontraba la República Francesa en esos momentos, poco a poco la obra fue pasando de mano en mano, hasta que empezó a hacerse popular, no sólo entre los lectores que podían comprar libros, sino también entre la gleba, que hacían un esfuerzo económico tanto para pagar como para leerlo.

Entonces, Hugo desconfiaba de los editores, por eso le escribió al editor Gosselin: “Lo único que pido simplemente y sencillamente es la declaración exacta de cuántos ejemplares fueron publicados”.

Cuando Victor Hugo terminó de escribir su novela, su mujer escribió: “M. Hugo se sintió completamente desocupado y entristecido; se había acostumbrado a vivir con sus personajes a lo largo de siete meses que duró el ejercicio de la escritura. Al separarse de ellos, lo embargó una nostalgia semejante a la que una tiene cuando se despide de viejos amigos. Abandonó el libro con la misma pena que sentía al escribirlo”.

“La novela principia un 6 de enero de 1482, día de Reyes, aunque también fecha en que se celebraba la fiesta de los locos. En la Edad Media, esta celebración correspondía al principio de la época del carnaval. A partir de Notre Dame de Paris, los personajes de Hugo empiezan a alcanzar dimensiones míticas –yo Esmeralda, la enamorada de Cuasimodo, ya no soy un mito–”.

Escuchemos el relato de ella, su versión, porque desde que se publicó el libro ha habido muchas versiones acerca de esta gitana: “Victor Hugo fue el responsable de que hubiera encontrado ese amor que tanto me hacía soñar, él lo bautizó con el nombre de Phoebus de Chateaupeurs, era capitán del rey, llevaba bigote y vestía un precioso traje de soldado”.

Esmeralda sigue evocando cómo imaginaba su relación con el capitán del rey, quien en realidad era un apasionado de las mujeres pero también de las tabernas. Además, era sumamente grosero, aunque su apariencia de hombre gentil la conquistó hasta la locura. “Este enamorado de la Edad Media no podía ofrecerme más que un discurso amoroso, pero no me importó y me enamoré profundamente de él”.

De pronto, Victor Hugo quiso que apareciera un personaje siniestro llamado Claude Frollo, quien era nada menos que quien adoptó a Cuasimodo cuando fue abandonado de muy pequeño en una canastilla frente a palacio.

Era como su padre adoptivo, pero malo, cruel, desalmado y muy deshumanizado aunque hubiera sido monje, decían que siempre era traicionado por los apetitos de la carne. En cambio Cuasimodo, a pesar de su aspecto físico, era un hombre bondadoso y humano.

En realidad, él estaba dividido entre el bien y el mal. Su parte angelical y la diabólica luchaban constantemente entre sí, todas las noches les hacía confidencias a las gárgolas y de alguna manera se sentía parte de ellas, pero lo que más le gustó a la gitana era que él estaba enamorado de sus campanas, sabía cuándo estaban tristes, contentas o melancólicas.

En su monólogo, Esmeralda describe “Cuasimodo también me deseaba, con la diferencia de que él sí había logrado refrenar sus bajas pasiones. Cuasimodo nada más deseaba amarme, mas no poseerme contrariamente a Frollo, quien era capaz de cometer los actos más condenables y mezquinos que un ser humano puede llegar a realizar”.

Finalmente, la hace su prisionera y logra llevarla ante el tribunal de la Inquisición. Y cuando estaba a punto de ser ahorcada, apareció Cuasimodo. Pero no logró salvarla de la horca. Su cuerpo fue arrojado a la fosa común de Montfaucon. El jorobado de París no soportó ver muerta a Esmeralda y se lanzó entre centenas de cadáveres.

Se desconoce la inspiración para el Cuasimodo de Hugo, aunque muchos creen que el personaje está basado en Monsieur Trajano, un albañil con espalda encorvada que trabajó en Notre Dame en la década de 1820.

Mientras en la reinauguración de la catedral de Notre Dame de París, los mil 500 invitados y 35 jefes de Estado, más los 2 mil trabajadores estaban recogidos en tanto escuchaban al músico chelista Yo-Yo Ma, Cuasimodo y Esmeralda se besaban detrás de un friso del siglo 16; es la pareja de enamorados más romántica de la Edad Media.

 

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