Por: Joel Martínez
La Junta de Gobierno del banco central mexicano recortaría su tasa de referencia otros 25 puntos base (pb) a 6.50%, en el comunicado del 7 de mayo, según las expectativas de las tesorerías bancarias.
Sería la segunda vez que la junta baje, sin que la decisión sea esperada por la mayoría de los pisos financieros.
En la reciente encuesta de Citi, la visión de que el recorte sea en mayo está ganando mucho terreno, aunque no logra ser dominante.
La mediana y la mayoría, el 47%, ven el recorte de 25 pb en el comunicado del 25 de junio. Esta opción avanza muy poco, ya que en la encuesta pasada era 45%.
Por el contrario, 39% ve la baja el 7 de mayo, un gran avance, ya que era sólo 29% en la encuesta pasada.
Por el momento, la decisión de recorte tendría a su favor que la inflación está retomando un canal de baja, si se cumplen los pronósticos señalados en la encuesta de Citi del 21 de abril:
Se espera que la inflación general de la primera quincena (1ª Q) de abril sea de 4.50%, menor al 4.55% anterior.
Para la subyacente se espera 4.28% desde un 4.44 previo.
La economía “sigue en el hoyo”.
A reserva de lo que se publique este viernes para el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de febrero, el dato de enero fue desastroso.
En ese mes, el IGAE retrocedió 0.9%; todos los componentes cayeron. A tasa anual se incrementó 0.5%, su nivel más bajo en los últimos cuatro meses.
Debe decirse que la política monetaria, léase el nivel de la tasa Banxico, casi nada tiene que ver con el crecimiento de la economía.
En la última encuesta mensual de Banxico, la política monetaria ocupó el último lugar con sólo 1% de las respuestas como un factor que estimula a la economía mexicana.
El beneficio fundamental de una tasa de referencia menor está en las finanzas públicas y en el nivel del tipo de cambio.
Según el documento de Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027, el resultado de un incremento de 100 pb de la tasa de interés nominal sobre el costo financiero del sector público (deuda tradicional y componente real de la deuda del IPAB) es de 28 mil millones de pesos.
Igualmente, un tipo de cambio tan bajo daña las finanzas públicas y vulnera la economía real.
Actualmente, el peso mexicano es una moneda de baja volatilidad y con un enorme diferencial de tasa contra el dólar y, sobre todo, con las monedas asiáticas.
De las monedas de un alto carry (diferencial de tasa local vs. las de Estados Unidos o Asia), el peso mexicano es de las de más baja volatilidad histórica e implícita (equivalente a un índice de siniestralidad).
Ahora habrá subido un poco la implícita, pero el año pasado estuvo al nivel de la del euro y del franco suizo.
Por eso hay saldos de arbitrajes tan altos que sobrevalúan al peso mexicano.
Tasas muy altas con una moneda estable generan muchos arbitrajes de muy corto plazo que desploman al tipo de cambio.
Un peso sobrevaluado por flujos financieros daña a las empresas exportadoras.
El efecto neto sobre el balance público derivado de una apreciación del tipo de cambio de un peso por dólar es una pérdida de 24.7 mil millones de pesos, considerando la caída por concepto de los ingresos petroleros por 44.6 mil millones y el ahorro en el costo financiero del sector público, que es de 19.8 mil millones.
De hecho, el comunicado del Banco de México del 26 de marzo, mencionó de manera explícita al tipo de cambio como un factor para el recorte de su tasa de referencia.
El recorte de Banxico del 7 de mayo tendría como antecedente que en el Comité de Tasas de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés) del miércoles 29 de abril habría una pausa, dejando la tasa de los fondos federales en 3.50-3.75 por ciento.
La pausa de la Fed está descontada en los futuros de los fondos federales y en los resultados de una encuesta de Reuters.
En pocas palabras, se cerraría el spread de tasas entre México y Estados Unidos, apoyando un tipo de cambio más alto, esto como una política favorable al crecimiento de la economía.
Lo demás es ideología.
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