Saltillo

Publicado el miércoles, 28 de junio del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- El anhelado nombramiento por fin llegó: luego de tres administraciones municipales, General Cepeda es oficialmente el octavo Pueblo Mágico de Coahuila.
A 67 kilómetros de Saltillo, unos 40 minutos en auto, este pintoresco municipio recibe a sus visitantes con una glorieta de piedra, un imponente dinosaurio y un sol de 40 grados.
El paisaje se asemeja a Macondo, el pueblo imaginario de Gabriel García Márquez, seco, polvoso pero de alguna manera, encantador.
El auto se calienta y el tanque del agua está a punto de explotar, así que emprendemos el recorrido a pie; con cámara en mano, las miradas extrañadas nos siguen por donde pisamos, pero basta solicitar una entrevista para romper el hielo: las sonrisas surgen, el nerviosismo florece, las señoras en mecedoras y los señores sentados a la sombra de un gran árbol, se chivean ante el micrófono pero algunos se animan a hablar.
Las señoras Consuelo Téllez y María Gloria Hernández toman el fresco de las 12 del día, sentadas a la sombra de su casa, se dicen contentas por el nombramiento, pues algo bueno surgirá de esto, y si en Semana Santa las calles se llenan de gente, a partir de ahora vendrán muchas más.
“Aquí todo está bonito, sus plazas, la iglesia es algo muy maravilloso, está muy hermosa, y la gente, la gente es muy buena”, asegura Gloria, “yo pienso que el pueblo sí está preparado con hoteles y cosas así para recibirlos, y me imagino que estará bien porque las personas que tienen sus tienditas pequeñas tendrán más ventas, por ese lado estaría bien”.
Pero no todo es bueno, reconocen, pues hacen falta áreas verdes, parques, plazas y albercas para que los niños jueguen y los turistas se diviertan, pero la falta de agua complica el panorama.
“Sí padecemos de desabasto de agua, un día tenemos agua y al otro día no, pero a lo mejor es por la calor que se estará agotando o no sé, pero nosotras juntamos agua en los botes, para el día que no haya”.
“También, a veces no tenemos señal del celular durante dos o tres días, a veces no hay, dos tres días, tienen que hacer muchos cambios, porque para qué querría tanta gente si no se va a poder comunicar si pasa algo”.
CAMINAR ENTRE HISTORIA
El sol se ensaña con la piel y el calor pone de mal humor, uno se siente como El Extranjero de Albert Camus a punto de perder los estribos por las altas temperaturas; quizá por eso los hombres pasan el día a la sombra del árbol con cerveza en mano.
“Ya lo nombraron, pues ahora que lo hagan mágico”, dice José Almaguer y provoca las risas de sus compañeros.
“Que vengan, nada más que no hay albercas donde se diviertan, aquí no hay mucho donde se diviertan, por eso no creo yo que sea mágico porque no hay diversiones; allá arriba hay una alberca pero quién sabe si tendrá agua, porque con este calor, sí ha habido desabasto”.

Los acompañantes del señor José prefieren esconderse de la cámara y se esconden tras los refrigeradores de la tienda esperando a que los desconocidos se vayan, todos menos uno: Antonio Cázares.
“Sí es un pueblo mágico pero la gente no pone nada de su parte, hay mucha basura, las casas deberían estar arregladas, pintadas con colores fuertes, pintorescos, que resalten, de mágico no tiene nada”, afirma.
“Lo más bonito es que es un pueblo tranquilo, anda uno muy a gusto, camina a cualquier hora tranquilo”, recapacita, “sí está bueno porque los visitantes dejan economía, recursos, pero se necesita promover, es un pueblo donde hay mucha riqueza de lo antiguo, sí hay lugares pero falta promover todo esto”.
Continuamos el recorrido por la calle Andrés S. Viesca, por la que alguna vez transitaron dinosaurios cuyos huesos reposan hoy en el Laboratorio Paleontológico.
Aquí hay historia, pero no han sabido cómo contarla.
En el cerro de Narihua hay vestigios de los primeros pobladores: puntas de flecha, petroglifos y pinturas rupestres comprueban que desde hace más de 20 mil años, seres humanos habitan este lugar; pero el comportamiento de algunos especímenes que abusan del alcohol, hacen pensar en la involución.

“No hay ley porque hacen lo que quieren aquí, la gente anda libre haciendo despapaye y medio, no hay orden; ¿de qué sirve que sea mágico?”, se pregunta molesto el señor Juan Antonio, “hay muchas partes donde se vende cerveza, muchísima, y eso es lo que arruina un poquito el pueblo, porque sale el desorden también”.
Mientras, la señora María del Carmen Hernández, confía en que algo bueno traerá el nombramiento de Pueblo Mágico.
“Me da mucho gusto que ahora sí lo hayan nombrado pueblo mágico, ya tenía rato que querían nombrarlo, no sé qué les faltaría para nombrarlo así; hay partes todavía muy bonitas, el pavimentado de las plazas, las fuentes, la gloria, está muy bonito”.
PREPARAN FESTEJO
En General Cepeda hay cinco hoteles, un Oxxo, restaurantes y una gasolinera donde la Magna está a sólo 22.20, quizá sea otro de los atractivos de este municipio.
Es la una de la tarde y en la plaza principal no hay ni paleteros, ni vendedores ambulantes, pero nos dicen que el domingo 16 de julio harán el segundo Festival del Ataúd, y aprovecharán para celebrar el nombramiento, con el que se unirán a Arteaga, Candela, Cuatro Ciénegas, Guerrero, Múzquiz, Parras y Viesca en la lista de Pueblos Mágicos de Coahuila.
Los 455 años de historia pesan en cada pisada.

Todavía falta el regreso: tres kilómetros de polvo y pavimento.
Llegamos al auto y abrimos el cofre, ante la mirada de una niña y un niño que observan con asombro el logo de Tele Saltillo, y sin pensarlo, corren por una cubeta llena de agua para ayudarnos, y el carro prende.
La magia de este pueblo, son sus habitantes.
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