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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 22 de noviembre del 2025 a las 01:16
Ciudad de México.- Un grupo de especialistas advirtió un aumento sostenido en el consumo de alimentos ultraprocesados (UPF) en detrimento de comidas nutritivas, tendencia que deteriora la calidad de la dieta a nivel mundial y plantea riesgos serios para la salud pública.
Según un análisis publicado en la revista The Lancet, la expansión de estos productos está vinculada al repunte de enfermedades crónicas, por lo que se requiere la participación activa de gobiernos y sector privado para redirigir los sistemas alimentarios hacia modelos más saludables y sostenibles.
Los UPF se caracterizan por contener edulcorantes, conservadores y otros aditivos sensoriales diseñados para mejorar su textura, sabor o apariencia. Su consumo habitual se asocia con mayor probabilidad de obesidad, diabetes, cardiopatías y otros padecimientos. Además, destacan por su alto contenido de sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos, pero con baja aportación de fibra, vitaminas y minerales. Entre los ejemplos más comunes se encuentran la comida rápida, botanas fritas, bebidas azucaradas, galletas, dulces, salsas y sopas instantáneas.
De acuerdo con el artículo, estos productos provienen del procesamiento industrial de materias primas como maíz, trigo y soya, transformadas en sustancias y aditivos controlados por grandes corporaciones. La disponibilidad masiva de estos alimentos desplaza a opciones tradicionales ricas en nutrientes.
En países de altos ingresos, los UPF constituyen cerca de la mitad de la ingesta diaria, mientras que su presencia crece aceleradamente en naciones de ingresos bajos y medios, donde su precio accesible influye en las decisiones de compra y termina afectando la salud global.
El documento también señala que la industria de los ultraprocesados genera elevadas ganancias, que permiten financiar actividades políticas con las que empresas como Nestlé, PepsiCo, Unilever y Coca-Cola buscan frenar regulaciones que limiten su mercado.
Ante este panorama, los especialistas plantean un plan integral encabezado por los gobiernos, que incluya etiquetado frontal obligatorio, restricción de publicidad infantil, limitaciones en instituciones públicas y mayores impuestos a los UPF.
Asimismo, destacan la participación de la sociedad civil mediante iniciativas como el programa de Política Alimentaria de Bloomberg Philanthropies, que impulsa regulaciones en América Latina y África.
El artículo concluye que se necesita una respuesta global coordinada, con políticas amplias y financiamiento suficiente, para contrarrestar prácticas empresariales dañinas y reducir el dominio de los UPF en los sistemas alimentarios del mundo.
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