Arte

Publicado el viernes, 19 de septiembre del 2025 a las 04:01
Ciudad de México.- Quizá buena parte de los visitantes de la exposición que Gabriel Orozco presentó en el Musée d’Art Moderne de París en 1998 no supo que el sonido ambiente en las salas era también obra del artista: sus improvisaciones en el piano. Es parte de su trabajo cotidiano sentarse todos los días un rato a improvisar, grabar y, en ocasiones, “sale algo bueno”.
Aunque estudió guitarra clásica con Juan Helguera un año, su relación con el piano es autodidacta.
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Tiene mucho que ver con dibujar”, dice el artista en entrevista telefónica en Nueva York. “Un papel en blanco, un lápiz y concentrarse en que lo que se va sintiendo, o lo que está en la mente vaya fluyendo a la mano y la mano vaya trazando las líneas de una manera simple”.
Orozco (Xalapa, 1962) decidió someter su relación con la música a un experimento personal: ver qué consecuencias tendría comenzar una serie de dibujos a partir de sus improvisaciones al piano.
¿Influiría en la secuencia de eventos geométricos de sus pinturas? ¿Resultarían obras diferentes a las que hubiera creado sin música como punto de partida?
A partir de las grabaciones, un copista se encargó de escribir en partituras esa música de oído y, a partir de ahí, Orozco se encargó de hacer primero dibujos y luego traducir a su lenguaje pictórico, en diagramas, círculos y líneas, geometrías con las que siempre ha trabajado, y sus colores habituales: rojo, azul, oro y blanco.
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Es la primera vez que lo emprendo de esa manera”, comparte el artista, quien, como nunca antes, muestra ahora el vínculo existente entre su obra y la música en su nueva exposición: Partituras, en la galería Marian Goodman de Nueva York.
Realizó algunos dibujos catalogados por él como “ficciones”, una suerte de partituras ficticias que no son propiamente resultado de alguna de sus improvisaciones al piano.
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Son especulaciones sonoras, ondas de líneas que van atravesando los pentagramas y generando puntos que son posibles notas”, abunda.
Intentó tocarlas con un programa de computadora para ver cómo sonaban esos puntos dispuestos al azar en el papel, pero el resultado lo dejó insatisfecho.
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No me gustó tanto el sonido, me pareció demasiado aleatorio, no tenía la misma armonía del dibujo, entonces no procedí con ese experimento gráfico para hacerlo después una composición”.
En cambio, sus improvisaciones de piano sí fructificaron en partituras convertidas a dibujos que a su vez fueron ensayos para sus composiciones pictóricas, usando ritmos, líneas y espacios. Del conjunto de 21 obras producidas en el último año entre París, Tokio y México, un conjunto de 11 pinturas se exhibe en el local del barrio de Tribeca, en la Gran Manzana, hasta el 25 de octubre.
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