Nacional
Por JC Mena Suárez
Hace 1 mes
Según la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), el precio promedio de una vivienda de interés social en Saltillo parte desde los 850 mil pesos, mientras que el de una vivienda media se ubica entre 1.2 y 1.7 millones de pesos. En tanto, existen automóviles que hoy se venden por encima del millón de pesos. Pero el verdadero precio no está en la etiqueta: está en los ocho años de ingreso que se hipotecan por él.
El 1 de enero de 2026 entró en vigor el arancel de 50% a los automóviles importados desde China, Corea del Sur y otros países. La medida, respaldada por la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), busca emparejar la cancha. Pero llegó tarde a una discusión mal planteada: llevamos años debatiendo el precio del automóvil cuando el problema nunca fue el precio. Fue el plazo.
El financiamiento como espejismo
Hoy, más de 70% de los autos nuevos en México se compra a crédito, según la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA). La cifra parece señal de dinamismo, sin embargo, en realidad es un síntoma. Cuando un bien de consumo sólo se sostiene a base de plazos de 60, 72 y hasta 84 meses, el mercado no está prosperando: está estirando el ingreso familiar hasta el límite. Un auto de 350 mil pesos financiado a 72 meses acumula cerca de 145 mil pesos en intereses -casi la mitad del valor del vehículo evaporada en el costo del dinero-. El comprador no adquiere un coche: renta su solvencia durante seis años. Y la comparación con el patrimonio es reveladora: los modelos que hoy superan el millón de pesos ya cuestan lo mismo que una casa media en la ciudad, según la AMPI Saltillo.
El otro lado del argumento
Los defensores del arancel no carecen de razón. Coahuila vive del automóvil -General Motors, Stellantis, Daimler- y la competencia china, sospechosa de subvaluación, amenazaba miles de empleos formales en la región. Proteger la planta productiva local es una causa legítima, no un capricho proteccionista. El punto no es que el arancel sea injustificado, sino que resuelve el problema equivocado: blinda la oferta sin tocar la causa real, el ingreso. Encarecer a las marcas chinas -que ya rondan el 11.5% del mercado nacional en el primer semestre de 2026- no devuelve poder adquisitivo, sólo cierra la única puerta que la clase media había hallado para acceder a tecnología a precio tolerable.
La contradicción coahuilense
Producimos autos que nuestra propia fuerza laboral ya no puede pagar de contado. El saltillense que ensambla esos vehículos enfrenta el mismo deterioro salarial que le impide comprarlos. Esa es la paradoja de un modelo que protege la fábrica y desprotege al trabajador.
La verdadera pregunta rumbo al segundo semestre de 2026 no es cuánto costará el próximo modelo, sino cuántos años de ingreso estaremos dispuestos a hipotecar por ese vehículo. Mientras el debate siga fijado en la etiqueta y no en el plazo, seguiremos confundiendo endeudamiento con prosperidad.
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