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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 7 de diciembre del 2023 a las 04:01
Ciudad de México.- En 1885, el sastre y trovador cubano Pepe Sánchez registró en Santiago de Cuba el primer bolero de la historia: Tristeza.
“Tristeza me dan tus quejas mujer, / profundo dolor que dudas de mí; / no hay prueba de amor que deje entrever / cuánto sufro y padezco por ti”, comienza la canción, que, sin embargo, no gozó de gran difusión.
El género, reconocido este martes por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, entró a México por Yucatán a través de la compañía naviera Ward Line, que operó entre 1886 y 1946 la ruta marítima que cubría Nueva York, La Habana, Progreso, Veracruz y Nuevo Orleans.
De acuerdo con Rodrigo de la Cadena, cofundador del Instituto Bolero México, a través de los barcos de vapor que atracaban en el puerto yucateco se produjo un importante intercambio cultural, por lo que la península tuvo acceso a los géneros artísticos más diversos de primera mano.
El primer bolero mexicano es Madrigal, registrado en 1918, del trovador Enrique Galaz pero con letra del poeta y periodista Carlos R. Menéndez, fundador del Diario de Yucatán. Sin embargo, tampoco corrió con muy buena fortuna.
Presentimiento, de 1924, con música del campechano Emilio Pacheco y versos del español Pedro Mata, sería la primera canción nacida en México realmente conocida por el público.
De la Cadena halla en el bolero Ella, del yucateco Domingo Casanova, de 1925, y letra del dominicano Osvaldo Bazil, una temprana influencia cubana.
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El bolero nació en Cuba pero se hizo adulto en México”, valora en entrevista el especialista.
Ya con Agustín Lara, a partir de 1928, quien se da a conocer con Imposible, el bolero cambia de temática y deja de ser “sumamente poético y cursilón” para convertirse en un género urbano; “se volvió citadino de neón”, califica De la Cadena, y le cantó incluso a las prostitutas, las damas de la noche.
Un legado que se reconoció en la 18 sesión del Comité para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO en Kasane, Botsuana.
Se trata de una inscripción conjunta entre México y Cuba que, presentada en marzo de 2022 bajo el expediente “Bolero: Identidad, emoción y poesía hecho canción”, deberá contribuir a la conservación del género.
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El bolero nació en Cuba en 1883 y se extendió por México y otros países de América Latina con sus letras líricas, de amor y desamor, así como sus cadenciosas percusiones acompañadas de guitarras, bajos, pianos, alientos y su característico requinto mexicano”, difundió la UNESCO.
Aunque los esfuerzos por el reconocimiento del género como patrimonio en México datan de hace unos tres lustros, ante un panorama desalentador, cuando, según expone De la Cadena, muchos representantes o leyendas de la época dorada estaban extinguiéndose, y el bolero ya era visto como para los adultos mayores y un tanto encasillado en la nostalgia.
Un paso relevante ante el panorama fue la creación en 2015 del Instituto Bolero México, impulsor de la candidatura ante la UNESCO. Se constituyó como asociación civil por Graciela Mota, Cecilia Tapia y el propio De la Cadena, con el objetivo de su salvaguardia.
Entablaron contacto con el INAH y la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas de la Secretaría de Cultura, a la par de reunir a la comunidad de portadores y organizaron acciones para difundirlo. Luego vendría la creación de un expediente que demostraría ante la UNESCO que se trataba de un patrimonio vivo.
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El bolero es una cultura que define los últimos 100 años de la vida, de la historia de nuestro País y de muchos otros países que compartimos el español, y más allá de las fronteras a donde ha llegado la música de Agustín Lara, Consuelo Velázquez, ¡lvaro Carrillo, Gonzalo Curiel, Alberto Domínguez, Gabriel Ruiz y nuestro querido Armando Manzanero”, externa De la Cadena
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